Armando Martini: Justicia poética, campanazo de alarma

Armando Martini: Justicia poética, campanazo de alarma

Venezuela es víctima de parásitos vividores del poder. Lo veamos o no, estamos en una parálisis desoladora acompañada de marginalidad que una sociedad moderna con sensibilidad jamás aceptaría. Pero, al contrario, en esta Venezuela de abundancia, resuelven con pellejos y limosnas que, por si fuera poco, también controlan.

Sin aviso ni protesto, el CNE señala a Primero Justicia que de reparar su falla nada, y a contravía opina que en lo electoral no se subsana. Puede ser simple maldad, o torpeza como la detención estrafalaria de Aristeguieta Gramcko -liberado tras calarse allanamiento, susto y carcelazo político- o que el régimen se concibe tan sólido que poco le importa dar patadas públicas a la cristalería política venezolana. Impedir el proceso reparador puede tomarse como un nuevo ejemplo, quien con arbitrarios se abraza termina meado, y que no se equivocaron los millones y cada vez más venezolanos que ya no creen ni en el Gobierno ni en la MUD.

Un descocado comentaba que esa decisión estaba prevista en una estrategia, para que en el inquieto terreno electivo sólo subsistieran Maduro y Ramos Allup, un diseño parecido al proceso electoral Chávez-Arias Cárdenas. Otro, menos atrevido y más histórico, recordó el episodio Pérez Jiménez-Villalba, con riesgo similar. En esa oportunidad, impedida Acción Democrática de participar, adecos y buena parte de la oposición se volcaron a favor de Jóvito -URD-, lo cual obligó al dictador a montarlo en un avión y enviarlo al exilio. Eso, o la cárcel.

Las condiciones para una elección democrática están claras y no pueden ser cambiadas o decididas por una fuerza política dominante. El voto es universal, directo y secreto. ¿Es eso lo que propone el régimen? Un peligro no bien calculado; inhabilitados unos, fuera de juego otros y algunos desvalidados, en estas elecciones a la carrera ordenada por la constituyente castrista. Y a los opositores que decidan votar sólo les quedaría la opción que el oficialismo imponga y desee.

En elecciones transparentes los ciudadanos tienen derecho a elegir, sin coacción, las condiciones deben ser equivalentes, sin ventajismos ni trampas para que exista un evento justo, equilibrado; y quienes la tutelen deben ser y probar imparcialidad. Cuando no se cumplen las condiciones básicas elementales, es considerado como carencia democrática. Pero cuando un proceso electoral es a conveniencia, sin legalidad ni probidad, amañado, tramposo, se considera abandono a la democracia. Son reiteradas las advertencias y razones para afirmar será antidemocrática. Algo más del 72% no confía en la autoridad electoral.

En esa línea de expectativa existen bemoles. Aspirantes que insisten en participar, a pesar de lo inconveniente de un proceso convocado en el delito, sin escuchar razones y criterios de no validar a la dictadura, que han formulado hasta el fastidio líderes mundiales reconocidos, especialistas de prestigio, gobiernos democráticos, organizaciones y movimientos, conocedores en materia jurídica electoral y, lo más importante, los ciudadanos; venezolanos y del mundo.

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Muchos comparten la tesis de que no es suficiente ofrecer salir de esta ignominia que nos asfixia sin una propuesta, un discurso, un relato creíble, posible y esperanzador que genere esa ilusión de cambio serio y sustentable. Lo contrario, será un sacrificio en vano. ¿Quiénes pueden satisfacer esa necesidad electoral?

Henry Ramos Allup, representa al partido AD y los restos de la cuarta república en pleno esplendor, como luna llena. Hay otro Henri (con i latina), Falcón, que puede ser alternativa al mismo tiempo para opositores no entusiastas de la MUD, y chavistas descontentos. Y Claudio Fermín quien está decidido y en campaña con soluciones, pero aún se desconoce a quiénes representa o quien le dará apoyo. El Polo Patriótico según las encuestas tiene más votos “duros” y capacidad de movilización que los partidos de oposición sumados -apartando los excesivos “no sabe”, “no contesta” y “no militantes de partidos” que serían la verdadera mayoría. Se calcula en poco más del 80%.

El oficialismo CNE no deben permitirse el lujo -aunque lo harán- platicar de 8 millones de votos para su aspirante, salvo que se produzca el milagro de centros electorales atiborrados. Los milagros, afirma la Iglesia, deben ser científicamente analizados, y por eso hay tan pocos vaticanamente aceptados. Lo más probable tal como están las cosas, la de Maduro en particular, y de los partidos que dialogan en Santo Domingo, es que veamos lugares de votación desolados. Ya sucedió el 30J, cuando del desierto de centros surgieron millones de fantasmas que dieron acta de nacimiento a la cubana Constituyente, de manera que un nuevo prodigio no sería de extrañar, al contrario.

La oposición que ha fracasado una y otra vez, le llegó el momento de escuchar al pueblo, dejar la vieja conseja de que el líder está para dirigir, eso era posible en el pasado, cuando los medios de comunicación eran exiguos, y, quienes transmitían el mensaje a los ciudadanos era la algarabía partidista en compañía de los escasos periódicos, radios y televisoras quienes formaban lo que se conoce como opinión pública. Imperativo facilitar la oportunidad a quienes han sabido comprender y ver más allá de sus ombligos, advirtiendo lo que sucedería. Un estadista no solo se caracteriza por el carisma, buen verbo o agraciado discurso; líder es, quien concibe una senda, por pequeña que sea, para encaminar a una sociedad ávida de conducción hacia un futuro de paz, democrático, libre, progreso, prosperidad, principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas.

Entretanto, después de conversar, sonreírse, abrazarse, no deja de ser “justicia poética” que el CNE impida a PJ recomponer después que, sin explicaciones convincentes, no pudieran recabar firmas para confirmarse como partido. ¿Qué ocurrió?

“Justicia poética”, campanazo de alarma de que al régimen nada le importa ni posee escrúpulos excepto permanecer en el poder y a cualquier precio.

Armando Martini 

LaPatilla

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