El educador forma y transforma

El educador forma y transforma

Los educadores que no se olvidan son aquellos que se convierten en buenos y bonitos referentes para los estudiantes. Son siempre recordados, a pesar de los años, por la forma en que se relacionaron con ellos, con sus colegas, familias…

Es una educadora que:

Presta atención reflexiva al trabajo de los estudiantes. Más que decir “buen trabajo” Hace saber el por qué le parece bueno. Reconoce el esfuerzo en el proceso y no solo los resultados. Destaca las habilidades, destrezas, conocimientos y competencias evidenciadas.

Dedica tiempo para intercambiar por lo menos unos 10 o 15 minutos con los estudiantes para compartir, con toda el aula o en pequeños grupos, cómo se sienten, las cosas positivas o desagradables que están sucediendo en sus vidas, lo que les preocupa y lo que proponen.

Lea también: Candidato único: Un sólo desastre

Escucha activamente. Parafrasea, que no es otra cosa que poner en sus palabras lo el estudiante dijo para que se sienta escuchado. Ofrece la posibilidad de chequear si eso fue lo que realmente quiso transmitir. Su lenguaje corporal muestra atención e interés.

Refuerza los comportamientos deseables para propiciar la autovaloración y reconocimiento de las competencias personales y sociales.

Permite a los estudiantes tomar decisiones para que desarrollen su autonomía. Estimulando que se expresen en los buenos y malos momentos, especialmente cuando están involucrados en situaciones difíciles para que sientan que no solo son parte del problema sino también una factor clave en la solución.

Se coloca a su altura para comunicarse con niños pequeños. A veces sienten que les toca vivir y relacionarse con un mundo demasiado grande para ellos.

Reestructura el ambiente, retira objetos que genere hacinamiento por el sobrecargo del mobiliario que genera estrés por la imposibilidad de movilizarse con libertad.

Interactúa respetuosamente. Tratándolos como nos gustaría ser tratados. siempre y cuando se tenga claro los roles y sin desdibujar quién es el adulto.

Comunica sus expectativas, lo que espera del grupo de forma clara y respetuosa y se interesa en conocer las expectativas de los estudiantes.

Usa el humor y la recreación como parte de la práctica pedagógica, siempre y cuando estimule el divertirse con los demás y no a costa de los otros.

Asume las consecuencias de sus actos para el ejercicio de la responsabilidad. Es una forma ejemplificante de enseñarles que se puede errar; pero también rectificar, pedir disculpas cuando se ha actuado de forma inadecuada.

Los invita a expresar sus ideas y emociones sobre las situaciones que viven. Pueden escribir cartas o llevar un diario en el que registran las decisiones que han tomado, las consecuencias que han tenido que asumir y lo que han aprendido, si lo desean pueden compartirlo con el grupo.

Convierte el arte, en sus diversas expresiones, en herramientas para la participación creativa y generadora de conocimientos y reflexiones.

Fomenta la empatía y la compasión, especialmente con quienes sufren situaciones adversas con estrategias que pongan en acción la solidaridad, cooperación y apoyo.

Crea espacios para la reflexión y análisis crítico. Utilizando ejemplos, referentes históricos y culturales o datos de la realidad del país.

El maestro o maestra que quedó tatuado en nuestro corazón fue ese que hizo la diferencia. Educó no para informar sino para despertar.

Hasta la próxima resonancia

Óscar Misle

Share this post