La responsabilidad en proponer una Constitución moral

La responsabilidad en proponer una Constitución moral

No basta proponer una Constitución Moral. Más aun: luce inmoral hacerlo con fines meramente electorales, como “gancho engañoso”.

Una Constitución no es un reglamento deportivo ni una información parroquial. Es un programa trascendental de vida para un pueblo, para un país, y para el futuro y el destino de todos. Por ello debe verterse sobre su propuesta un inmenso sentido de responsabilidad moral, que implica una reflexión seria respecto a un ente de alcances jurídicos fundamentales.

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Si toda Constitución política o jurídica, requiere, debido a su importancia, de una estructura de pensamiento coherente, es decir, de una filosofía constitucional, tal exigencia sube de grado cuando se trata de una Constitución Moral, que por causa de su preeminencia axiológica, debe conducir y orientar la Constitución Jurídica o Política. De ahí que deba realizarse un estudio detenido de los motivos de la animan, de la estructura posible, de sus relaciones con la Constitución Política o Jurídica, y de los medios que deben ser utilizados en función definitiva de su razón fundamental de ser, que radica en la realización del bien individual y común, y únicamente del bien

Justamente la falta de consciencia respecto a estas condiciones ha ocasionado el rechazo de muchos mexicanos que ven en la propuesta de una Constitución Moral una amenaza a su libertad de arbitrio. La forma descuidada, de evidente irresponsabilidad, como se ha lanzado la proposición, les lleva a inferir que se trata del potro de tortura de una nueva inquisición, en un “Estadio Teológico y Confesional”. Un cepo que hará de México una especie de cárcel monacal donde todos los ciudadanos deberán sujetarse a una disciplina de hierro, en un mar de asfixia espiritual y moral.

Quienes así opinen y teman no tienen consciencia de que una verdadera Constitución Moral no obliga a los ciudadanos, pues tiene por objeto enrumbar a los integrantes de ese ejército de carne y hueso, que son los funcionarios, para que se ajusten a la línea del Bien, conforme al Principio Superior de Perfección del Orden Moral, que les impone realizar el bien y únicamente el bien en todas sus actuaciones y en todo momento y circunstancia.

¿Es esto perjudicial para los ciudadanos, para el pueblo, o, por el contrario, es algo bueno, conveniente y necesario en un país cuya inmensa mayoría son personas de buena voluntad que claman por un sistema justo, recto y correcto? ¿Esto puede garantizarlo la mera Constitución Jurídica, con un Derecho manipulable e inseguro en manos de políticos sin escrúpulos?¿O puede garantizarlo una” Constitución Moral” apresurada, efímera como toda campaña electoral?

Juan José Bocaranda / jjbocaranda@gmail.com

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