Votar es un derecho

Votar es un derecho

En Venezuela votar es un derecho. Es precisamente por eso que lo reclamamos quienes desde las política, seamos opositores democráticos de diversas ideologías, o muchos que participaron activamente en el proyecto chavista, incluso con altas responsabilidades; también empresarios agremiados y trabajadores sindicalizados, rectores universitarios al lado de profesores y estudiantes, representantes de la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas, densos sectores de la sociedad civil organizada, quienes impugnamos la legitimidad electoral de la atropellada convocatoria que era para abril y pasó para mayo, nos negamos a participar en ella y exigimos una como mandan la Constitución y la ley.

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En Venezuela votar es un derecho. Lo dice con toda claridad el artículo 63 constitucional. Un derecho y, por tanto, depende de nuestra libre voluntad su ejercicio. Además lo explica la Exposición de Motivos de la Constitución, decretada por la Asamblea Nacional Constituyente en 30 de enero de 2000: Se reconoce el sufragio como un derecho, más no como un deber, a diferencia de la Constitución de 1961. Y ¿qué decía aquella? Pues su artículo 110 rezaba “El voto es un derecho y una función pública. Su ejercicio será obligatorio”. Mucho se ufanó el difunto presidente Chávez de ese que consideraba un paso importante en la libertad de nuestra ciudadanía. Ese fue claramente un cambio de la anterior Constitución a la actual.

Votar es un derecho, no un deber. Cada uno decide si vota o no. Nadie puede obligarle. Tampoco puede ser delito o falta alguna ejercer el derecho a no votar o intentar convencer a la gente de que tome esa opción. Por eso faltó a la verdad y a la ley la presidenta del Consejo Nacional Electoral cuando advirtió, o más bien amenazó, el pasado 12 de abril a quienes llamen a no votar pues estarían cometiendo “una falta electoral”. Lo contrario de lo que ella misma afirmó el 25 de julio del año pasado, antes de la votación para la llamada ANC, “Si no les gusta la elección, no voten”.

La cabeza del CNE está confundida o busca confundir. En Venezuela hubo una ley que prohibía la propaganda contraria a votar pero hace sesenta y un años, en 1957. En sus meses finales, la dictadura inventó un plebiscito para asegurar el continuismo burlando el 104 constitucional que obligaba a una elección directa y secreta. Imposible no advertir similitudes.

Hoy como siempre, defendemos la democracia y el voto. No aceptamos imitaciones.

Ramón Guillermo Aveledo

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