¿Qué pasará después?, por Armando Martini Pietri

¿Qué pasará después?, por Armando Martini Pietri

¿Quién es adivino? Aventurando siempre con el riesgo de equivocarse, se pueda predecir algún acontecimiento, de acuerdo a declaraciones y hechos. Hay que empezar por analizar lo que está pasando. Semanas y horas de confusión, emociones disparadas, idas y venidas, demasiadas opiniones exaltadas y no necesariamente meditadas.

Demás está insistir en los errores, necedades y desuniones en la MUD, una historia patética, demasiado larga de zozobras y sobresaltos. Este extenso y cada vez más pesado “hoy día” -expresión chilena- es una tormenta de estrecheces, sinsabores y frustraciones, demostración palpable del mando de incompetentes, desvergonzados y vocingleros de fábulas con una moraleja peor: para sostenerse en el poder el régimen de la hiperinflación, inseguridad, hambruna, falta de medicinas, controles descontrolados y corrupción, debe desquiciar y así ocupar, distraer al pueblo. Sólo sobre un país sin esperanza pueden gobernar bandidos y embusteros.

Hay diferentes posiciones opositoras. Los que llaman a no votar, no participar, no legitimar el fraude. Aquellos que afirman los venezolanos no quieren a Maduro, que hay que cambiar porque el país no da para más, y ofrecen como su mejor alternativa un “Gobierno” entre dos aguas en una navegación no definida. Y la posición coherente, auténtica, sincera, que entiende, por las buenas palabras y elecciones de altísimo riesgo, más la convicción mayoritaria de manipulación engañosa y tramposa de cifras, el régimen ni siquiera se estremecerá, y hay que presionarlo para su dimisión, con la fuerza ciudadana, institucional e internacional.

Es decir, hay una oposición hipócrita, que ha preferido no llamar las cosas por su nombre. De ahí las múltiples incoherencias opositoras, de espíritu colaboracionista y ánimo acomodaticio que ante el desastre cuida de sí misma, y por eso es cómplice y sobreviviente, lo cual la convierte en candidata a, o como mínimo sospechosa de, actuar, conversar y acordar en secreto a espaldas de quienes asegura defender; que no es ni lo uno ni lo otro, que habla de cambios radicales, pero no como un contra gobierno sino como “un cambiemos mientras las cosas se reajustan”. Y otra frontal, racional, lógica, estadista, valiente sin ambigüedades, convencida de que lo malo no se erradica por las buenas y plantea que se vayan, dimitan del poder rompiendo la pared a sus espaldas empujados por la presión popular, institucional, ciudadana e internacional.

Pero hay también realidades que están jugando sus propios juegos.

Existe la feroz, anticonstitucional y violatoria de los Derechos Humanos, represión policial y militar del régimen que solo piensa y está convencido en una legitimación falsa con supuestas elecciones. Y está el rechazo decisivo y cada vez más categórico de la comunidad internacional que ha reiterado no reconocerá los resultados, aunque sin aclarar cómo lo hará; por ejemplo, el retiro de embajadores y la ruptura de relaciones diplomáticas. Se aparta de Unasur pero no se desmarca, sólo abren un compás de espera. Sancionan individuos, empresas y acciones de flujo económico que el régimen no logra ni logrará neutralizar, se vanaglorian en reuniones de cejas levantadas como la Cumbre de las Américas y la del Consejo Permanente de la OEA, donde la dictadura se defiende como gata boca arriba, sin resultado positivo. La colectividad mundial está resuelta y sin duda, se puede inferir que actuará.

El día después sigue siendo una incógnita sobre la cual sólo pueden hacerse suposiciones. Es lógico asumir que un régimen peleado con medio mundo, que ordena aumentos ficticios de salarios ilusorios e insuficientes, que no son producto de una estrategia económica madurada sino de burbujas propagandísticas, entelequia burocrática que fracasa en proveer de manera más o menos confiable agua y electricidad a sus ciudadanos. El absolutismo opresor seguirá apretando puños, despidiendo gases lacrimógenos, saturando cárceles y ahondando en su propia hecatombe que tanto si lo reconocen como si no, son incapaces de controlar. El obrero presidente anunció un diálogo después de la payasada electorera que farsantes se apresurarán en concurrir como idiotas, acompañados de los bribones que han alquilado sus nombres para refrendar semejante estulticia.

En Venezuela ha terminado el tiempo de las vacilaciones, subterfugios y viajes sociales. Los cara pálida piden abiertamente sin reserva ni evasiva que Maduro dimita, renuncie. Es momento de la unión de estrategias, si no por convicción al menos por entender que es una táctica necesaria para que pueda haber un día después.

Lea también: Votar es un derecho

El 20M sabremos quiénes son realmente los que están comprometidos y deseamos un sistema de libertades, republicano y democrático. Sin duda, habrá un proceso de purga para que sepamos quién es quién, en la Venezuela por venir, porque vendrá a pesar de quienes por ambos lados la boicotean y no quieren que surja. Pero emergerá con fuerza, decoro y coraje, será indetenible.

Mientras tanto, se precipita la crisis, se percibe un fingido instante de serenidad. No obstante, la crisis socio-económica se abre paso sin que nada logre detenerla. Es auténtico e insostenible el aprieto humanitario. Se prenden las alarmas en la comunidad internacional que luego de tanto sacrificio y muerte, dejará en el recuerdo la aceptación de lo inaceptable. El Gobierno de Maduro se quitará el antifaz y se convierte en abierta dictadura.

Con la dirigencia política en sectores enfrentados de la oposición y la fractura evidente en el oficialismo, a todas luces, el tiempo luce corto, pero la flexibilidad casi eterna del oportunismo de cierta oposición de arraiga colaboración, han dificultado la derrota del régimen. No obstante, serán los verdaderos opositores, ciudadanos de buenas costumbres, principios éticos y valores morales, individuos conscientes de su histórica misión, los llamados y quienes impongan la nueva etapa, los que logren la dimisión.

Información de RunRunes

Share this post