Sobreviviendo en violenzuela, por Jorge Francisco Sambrano

Sobreviviendo en violenzuela, por Jorge Francisco Sambrano

Por: Jorge F. Sambrano.

“La violencia es el único medio de lucha y la sangre es el carburante de la historia”, así lo expresó un dictador comunista hace mucho tiempo; Venezuela aprendiz de comunista, logró cumplir estas palabras al pie de la letra. Hoy en día, leemos a diario en los periódicos o escuchamos en las noticias que “Sujeto cae abatido por una centena de impactos de bala” y posteriormente escuchamos comentarios que era un “buen muchacho”. En la actualidad, hasta esa frase perdió su esencia, ser un “buen muchacho” tiempos atrás era sinónimo de trabajar, estudiar y ser virtuoso para la sociedad y el País; significaba entrenar incansablemente para realizar en un futuro los sueños de ser atleta profesional sin importar una miserable y pírrica beca deportiva; era levantarse muy temprano para caminar seis cuadras llaneras, llegar a tiempo al liceo y sacar buenas calificaciones; era una frase que inspiraba superación y motivación para poder alcanzar la excelencia personal, pero ¿ qué sucedió ?, ¿ cómo llegamos a convertirnos en uno de los países más peligrosos del mundo ? Para conseguir la respuesta debemos trasladarnos al génesis de la situación.

Antes de ser presidente, el difunto intergaláctico “Optimus Chávez”, había intentado tomar el poder a través de las armas en dos ocasiones, implementó una política social con la que quiso erradicar la delincuencia. Se basaba en la premisa sociológica, y manejada por algunos criminólogos, de que los delincuentes eran víctimas de una sociedad excluyente producto del capitalismo. Esto parecía justificar la violencia y exculpar a los “malandros”. Es propicio recordar que en una famosa alocución pública en su primer año de Gobierno, “El Comandante” le preguntó de manera retórica a la entonces presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Cecilia Sosa, si ella robaría en caso de que sus hijos tuviesen hambre.

De ahí surgió la doctrina del “Si yo fuera pobre, yo robaría”; los resultados fueron catastróficos ya que glorificó el ataque a la propiedad del otro.

Para perpetuarse en el poder que siempre fue su idea original, se trazó como meta irrumpir de lleno en el brazo militar, desarticular los cuerpos policiales, desintegrar el sistema judicial venezolano para así colocar en éstos personas cuya única virtud fuese la lealtad política y de esa manera controlarlos y sobornarlos cuando alguno tuviese la más mínima intención de denunciar o salirse de esa olla de podredumbre. Tuvo 12 ministros del Interior e implementó 21 planes diferentes de seguridad que no estuvieron diseñados para atacar los problemas de fondo, sino para presentar ofertas electorales y poner pañitos calientes, “para muestra un botón”, vemos cómo la honestidad, la transparencia y el profesionalismo que caracterizaba a nuestros funcionarios ha quedado en el polvo del olvido porque ahora son más los que están manchados por la tinta de la corrupción que los que cumplen realmente con su función.

Hoy tristemente la justicia se rige por el que más ceros tenga en su cuenta de banco o por el lazo sanguíneo que se tenga con algún alto actor del Narco-Estado, donde los funcionarios de cualquier institución se valen de su minúsculo poder o de sus “chapas” para así humillar, extorsionar y desangrar al ciudadano, pero lo más grave es que sobrevivimos en una sociedad que idólatra, respeta, vanagloria y toma como ejemplo a los que llevan el artículo “El” antes de sus nombres o sus apodos. Donde los héroes son los que llevan una glock en la cintura y tienen un prontuario en su haber.

Ante la asfixiante e inaguantable situación surge la pregunta: ¿Volveremos a respirar aires de tranquilidad y vivir en paz? ¡claro que se puede!, pero con un nuevo Gobierno; mis queridos lectores, éste jamás va a rectificar. El nuevo gobierno nacional debe de tomar el ejemplo y practicar lo que hicieron otros países tan peligrosos como Singapur que solucionó este terrorífico y alarmante problema. La solución para erradicar el Imperio de la Delincuencia en el país no es decretar leyes por decretar, ya que somos una de las Naciones con más leyes promulgadas sino, que el sistema Judicial, brazo ejecutor de dichas leyes, sea saneado y depurado de manera inflexible y que de verdad las pongan en práctica. Un punto resaltante es la construcción de nuevos recintos penitenciarios y la modernización de los ya existentes, para así y sólo así convertirlos en verdaderos Reformatorios Penales con una clasificación de los reclusos por los delitos cometidos, donde existan jornadas sociales, evaluaciones psicológicas para que estos luego sean reinsertados nuevamente en la sociedad.

El reto más grande que debemos tener todos los ciudadanos es de elevar nuestro grado de conciencia, rescatar nuestros valores, agigantar nuestro sentido de pertenencia y compromiso con la sociedad en la que convivimos para así contribuir con la disminución de la descollante intolerancia que se respira en el ambiente. Debemos de empezar con lo más mínimo, así ningún fiscal te vea, respeta las señales, no botes basura por la ventanilla, decir buenos días, por favor, disculpe y sucesivamente con los pequeños detalles que marcan la pauta. No hagas lo que todos hacen, sé tú la diferencia porque quien con monstruos lucha tiene que cuidarse de no convertirse en uno.

Tal Cual.