“Asadero La Gran América”, una historia de dedicación y esfuerzo

“Asadero La Gran América”, una historia de dedicación y esfuerzo

Detrás de Luz Marina Robayo y su familia se esconde toda una historia de dedicación y esfuerzo para mantener un emprendimiento gastronómico de éxito en la zona de Cajicá. Y es que esta mujer no solo se basa en la preparación de buenas comidas y apetitosas sopas, sino en su experiencia en el área administrativa y en conservar buena reputación en las actividades que emprende.
Para ella es muy importante mantener un buen servicio y un equipo de trabajo capacitado. Y es que gracias a su constancia y la vena familiar ligada a la gastronomía, Luz Marina ha sorteado diversas dificultades y no por ello ha dejado a un lado sus sueños.
En su famoso “Asadero La Gran América”, ella se mantiene alerta, pendiente de los requirimientos del público y de compartir actividades laborales especialmente con jóvenes que estén estudiando en la universidad. “Es algo recíproco, “mis muchachos” (los estudiantes) aprenden una forma de ganarse la vida y yo les pago por su labor”, indicó al expresar que los jóvenes que han estado trabajando con ella van pasando por diversas áreas del restaurante para ver dónde se ubican mejor o qué actividad les gusta más.
Junto a su esposo e hijos, esta emprendedora mantuvo la fe en un local de comida, que se inició muy cerca de donde tiene su actual restaurante. “Cuando empezamos, comenzamos vendiendo un almuerzo diario, el lugar tenía mala fama por los encargados anteriores y tuvimos que ir ganándonos la confianza de los clientes”, aseguró.
Luz Marina tras culminar una etapa de trabajo en un casino donde atendía numeroso público, decidió emprender en un local más pequeño que alquilaba esperando seguir contando con su buena estrella. “Yo a veces me desanimaba al principio, pero mi esposo siempre me decía que esperarámos a ver si mejoraba la situación y es así como hemos estado más de 20 años acá”.
Una vez que lograron reunir dinero, la familia compró un lote de terreno frente a donde tenían el primer negocio, y allí gracias a préstamos y planificación levantaron el actual “Asadero La Gran América”. “Yo siempre estaba visualizando mi negocio propio y decía cuando Dios nos ayude más, continuamos y así pasó el tiempo y se dio todo esto”.
Los hijos de Luz Marina y su esposo, William Alvarez, los ayudaban desde pequeños a atender el negocio y hoy son quienes administran las faenas. “No los obligué a nada, ellos fueron viendo y participando y hoy hacen sus tareas con dedicación y han estudiado gastronomía”.
Orgullosa de todos sus esfuerzos y el legado que deja a su familia, explica que sus comidas son al horno o a la parrilla exceptuando tajadas o papas que sí van como frituras. Se esmera confeccionando diversos tipos de sopas, uno de los platos más solicitados y asegura que los niños que no comen sopa en su casa; sí la comen en “Asadero La Gran América”.