Voluntarios desafían al coronavirus para cuidar a gatos y perros en Perú

Voluntarios desafían al coronavirus para cuidar a gatos y perros en Perú

En medio de la pandemia de coronavirus, voluntarios cuidan a gatos y perros en la capital peruana para evitar que queden desamparados con el aislamiento domiciliario obligatorio decretado en el país desde el 16 de marzo.

«Los animales tienen que seguir comiendo», dice a la AFP Natalie Sánchez, líder de un grupo que protege a los numerosos gatos que viven libremente en el parque central de Miraflores, distrito turístico de Lima.

«Así como los seres humanos están en su casa cumpliendo su cuarentena desayunando, almorzando y cenando, estos animales no pueden ser desprotegidos, no pueden quedarse sin alimento», agrega la voluntaria de 38 años.

Más de un centenar de felinos viven en los 22.000 metros cuadrados del parque, que se ha convertido en un punto central para los amantes de los gatos. Con apoyo del municipio, los voluntarios los alimentan diariamente y los curan en caso de enfermedad.

Antes de que el gobierno declarara la cuarentena para evitar la propagación del nuevo virus, era común hallar a vecinos y turistas sentados en bancos del parque con un gato sobre el regazo.

Estos animales se adueñaron del parque central de Miraflores desde que en 1990 la municipalidad los llevó para erradicar una plaga de ratas. Una vez cumplida la misión, fue imposible sacarlos de allí.

Pero la pandemia hizo que los visitantes se esfumaran, como también ha paralizado actividades en el país, dificultando incluso la atención veterinaria.

Vanesa Suárez, estudiante universitaria de 21 años, encontró después de varios intentos atención para su mascota en el centro veterinario Oasis, atendido por voluntarios en Villa El Salvador, un populoso distrito del sur de Lima.

«No había (atención) al comienzo; estuve llamando y no estaban abiertos. Antes de ayer llamé y lo traje (al perro) no bien me enteré que lo habían abierto», cuenta a la AFP.

«Se demora bastante (la atención). Estuve desde la mañana y almorcé a las 5 de la tarde por estar con mi perrito aquí», relata.

Abigail Castilla, estudiante de veterinaria de 23 años, es una de las voluntarias del centro veterinario. «Hay tanta gente que viene (…) no sabemos con quiénes se relacionan, si es que pueden traer algún virus, (hay) preocupación por nuestras familias, pero tenemos que continuar», dice.

Complicaciones

Mirella Talledo, quien tiene un refugio para gatos en su casa en el distrito limeño de Barranco, cuenta que uno de sus 130 felinos se enfermó una de las noches en que regía el toque de queda nocturno, pero no pudo llevarlo al veterinario.

«Estaba grave de los riñones; no dormí, me quedé hasta las 5 de la mañana» a esperar que se haga la hora para llevarlo al veterinario, dice Talledo, de 44 años.

Cuando pudo salir, se fue caminando con el gato hasta la clínica. «Me puse a llorar todo el camino», cuenta la dueña del refugio SuperCats.

Share this post