Imagen de Alexander lo explica todo

Los brazos en jarra y la búsqueda de oxígeno de Alexander González, tras un pique infernal que lo dejó completamente exánime retrató en toda su magnitud el descomunal esfuerzo de la Vinotinto para intentar equilibrar las desigualdades con la que se compite en los 3.640 metros de altitud de La Paz. Nadie puede oponerse a que los bolivianos saquen provecho a la ventaja de su geografía. Es un país altiplánico y tiene derecho a jugar donde más le conviene, como Venezuela puede llevar a sus rivales a ahogarse en la humedad de Puerto Ordaz y Maturín, o el calor agobiante de Puerto La Cruz y Maracaibo. Por eso, la eliminatoria suramericana es la más difícil del mundo. Un día los futbolistas como González están jadeando cerca del techo del mundo y días después deben adaptarse a otra geografía.

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El plan de José Peseiro de intentar controlar el balón y acercarse al arco rival tratando de controlar la pelota en el medio para cambiar la velocidad de forma repentina y tirar un pase de ruptura para que Alexander González desbordara por la banda derecha, se desmoronó temprano; porque César Farías conoce al dedillo una de la principales fallas de la vinotinto. La selección es frágil cuando la atacan por los costados y le tiran el centro atrás para tomar a contrapié a los centrales. Lo demás quedaba por cuenta del eterno goleador boliviano, Marcelo Martins, que como es costumbre no desperdició la oportunidad para golpear a Venezuela, apenas cuando corría el minuto cinco del primer tiempo.

La mejor arma de Venezuela, en un estadio donde la pelota en más liviana y viaja más rápido, era la pegada de Rómulo Otero en las pelotas detenidas. En la primera que tuvo logró equilibrar el marcador con un bombazo que estalló en el pecho del arquero y permitió que un avispado Chancellor la empujara al fondo. Pero el agotamiento de la vinotinto en el primer tiempo auguraba más sufrimiento en la segunda parte. Cuando González tiró otro pique de 30 metros y no hubo quien lo acompañara en esta épica corrida, quedó claro que el ataque había capitulado. Venezuela necesitaba oxígeno para tratar de sobrevivir en La Paz, pero los cambios de Peseiro llegaron cuando Bolivia había marcado el segundo con otra especialidad de Farías: las jugadas de tiro de esquina en la que un defensa sube al área, recibe una cortina y cabecea a placer al fondo de la red. El tercer tanto de Martins, también de cabeza, fue producto del agotamiento por intentar buscar un empate cuando ya nadie en la selección quería hacer otro sprint suicida como el de González. La estrategia de Farías de hacer correr a la Vinotinto para fundirla en La Paz funcionó a la perfección.