Deber ciudadano, por Leopoldo López Gil

Deber ciudadano, por Leopoldo López Gil

Nuestra legítima y vulnerada AN convocó, en concordancia con nuestra Constitución, una consulta popular para interpretar los verdaderos deseos del soberano sobre la excéntrica convocatoria a una asamblea constituyente que sería hecha de forma ilegítima por el presidente Maduro y, lastimosamente, aceptada por los gerifaltes del CNE.

Es previsible que una indiscutible mayoría se pronuncie de forma negativa; pero, dado ese probable resultado, también es de esperar que el aparato oficialista, incluyendo las fuerzas de seguridad del Estado, se muevan para enturbiar e impedir lo que debe ser un acto cívico y pacífico y poder llenarse la boca aduciendo baja asistencia, adulteración de resultados y demás argumentos de su fértil imaginación.

Es posible que se les ocurran los mismos trucos que usaron sus padres y abuelos en las elecciones de 1963, con ayuda invasora cubana, que afortunadamente fue reducida por nuestros valientes y patriotas militares. En esa ocasión pretendieron asustar a los votantes amenazándoles con ametrallar las colas formadas en centros de votación, o atacando mesas ya instaladas. Fue solo eso, pues la mayoría de los votantes cumplió con su deber ciudadano.

El domingo los venezolanos estamos comprometidos con este evento. Debemos insistir en la calificación de todos, no solo los que rechazan la triquiñuela reconstituyente de un moribundo régimen. También los que genuinamente piensan que la ruta para lograr la paz y el progreso solo se conseguirá con ese instrumento. Todo venezolano tiene un inmenso deber, un compromiso con el presente y con el futuro manifestando su escogencia. No se acepta el ausentismo como variable.

El deber ciudadano debe estar por encima de cualquier otra consideración. Así lo viví y así lo aprendí.

Mis recuerdos me traen una anécdota que marcó mi memoria en aquel diciembre de 1963. Mi madre era una persona bastante frágil y tímida, le asustaban la mayoría de los animales, los perros y caballos; por ejemplo: temía viajar en aviones. Creía en eventos sobrenaturales, como ruidos de fantasmas.

Creía muchas situaciones como el que “las armas se disparan solas” y el peligro de los disparos accidentales. Por todo esto ella podría haber buscado cómo evadir su obligación y ausentarse de esa consulta electoral. No fue así; asistió a su centro de votación en el antiguo Colegio América de San Bernardino y fue testigo, cuando esperaba pacientemente su turno para votar, de un hecho terrorista: el paso de una estruendosa motocicleta que disparaba tiros al aire o a las paredes del centro.

Al percatarse de lo que sucedía, mi padre ofreció llevarla de regreso a casa y él volvería solo al centro de votación. Pues, para sorpresa de mi padre, ella insistió con determinación en mantener su puesto en la cola y le dijo a papá: “Nada más importante que manifestar mi voluntad y cumplir con el deber ciudadano”.

Fuente: El Nacional 

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