Estados Unidos adelanta negociaciones con el gobierno interino de Delcy Rodríguez para lograr la extradición de Alex Saab, el empresario colombiano‑venezolano señalado como testaferro de Nicolás Maduro, ahora detenido de nuevo en Caracas tras una operación conjunta entre agencias de seguridad de ambos países. De acuerdo con fuentes citadas por el Miami Herald, el traslado “probablemente será pronto” y forma parte de la nueva etapa de cooperación judicial abierta tras la incursión militar estadounidense del 3 de enero y la captura de Maduro y Cilia Flores, hoy procesados en Nueva York por narcotráfico y otros delitos.
Saab ya conoció las cárceles estadounidenses: fue arrestado en Cabo Verde en 2020, extraditado a Miami en 2021 y acusado de lavado de dinero por su papel como operador financiero del régimen, pero el caso fue desechado en 2023 como parte de un intercambio de presos entre el gobierno de Joe Biden y Caracas. De regreso en Venezuela, fue premiado con poder político: lo nombraron ministro de Industrias y Producción Nacional y pieza clave en los negocios del chavismo tardío, hasta que, a finales de enero de 2026, fue detenido otra vez en Caracas en un operativo conjunto del Sebin y agencias estadounidenses.
La nueva negociación de extradición se da en un contexto completamente distinto: Maduro ya no está en Miraflores, Delcy Rodríguez gobierna bajo la sombra de Washington y Trump ha convertido la “guerra contra el narcotráfico y la corrupción” en América Latina en eje de su agenda hemisférica. Para la Casa Blanca, llevar de vuelta a Saab a una corte de Estados Unidos significa recuperar a un testigo potencialmente clave sobre años de esquemas de lavado, desvío de contratos de alimentos y viviendas, y violación de sanciones mediante petróleo y oro, justo cuando se reordena el tablero económico venezolano.
El propio historial del “hombre del dinero” del madurismo muestra por qué se ha vuelto moneda de cambio una y otra vez: estuvo acusado desde 2019 en Miami por conspiración para lavar cientos de millones de dólares a través de contratos de los CLAP y otras áreas, fue defendido por el chavismo como supuesto “enviado diplomático” y llegó a paralizar negociaciones políticas en México cuando fue extraditado desde Cabo Verde en la etapa anterior. Ahora, con un nuevo mapa de poder, su valor ya no es protegerlo, sino exprimirlo.
En paralelo, Trump encabeza en Miami la cumbre “Escudo de las Américas”, con presidentes de derecha de la región para coordinar acciones contra el crimen organizado y el narcotráfico, donde el caso Saab encaja como mensaje de mano dura y como pieza de presión sobre las redes que sobrevivieron al madurismo. Si se concreta la extradición, el otrora arquitecto de esquemas para esquivar sanciones acabará otra vez en una corte estadounidense, convertido en símbolo perfecto de un sistema que, literalmente, destruye todo lo que toca: instituciones, economía, país… y, llegado el momento, también a sus propios operadores.

