Jesús Armas, economista, ex preso político y dirigente opositor, sostiene que en Venezuela no ha comenzado una verdadera transición democrática porque “el régimen sigue en el poder, con las mismas estructuras y los mismos mecanismos de control”. A su juicio, lo ocurrido tras la captura de Nicolás Maduro es un reacomodo de figuras y una narrativa de cambio, pero sin desmontar el andamiaje autoritario que sostuvo al chavismo durante años.
Armas, que fue secuestrado en diciembre de 2024 y recluido en El Helicoide —episodio reseñado por el McCain Institute como ejemplo del “estado de terror” impuesto tras el fraude del 28 de julio—, recuerda que la lógica de persecución y control social sigue intacta. Señala que el régimen no ha perdido el monopolio real de la fuerza ni ha cedido el control de instituciones clave como el sistema judicial, los cuerpos de seguridad o los órganos de inteligencia, por lo que hablar de transición es, en el mejor de los casos, “prematuro” y, en el peor, una coartada.
Respecto a la Ley de Amnistía, Armas ha sido frontal: “el régimen no tiene una voluntad genuina de cambio, porque si no la amnistía hubiese sido de verdad un proceso para reconciliar el país y no para blanquear impunidad selectiva”. Recuerda que hay cientos de presos políticos que siguen detenidos o con medidas restrictivas, y que las liberaciones se administran a cuentagotas, en clave de cálculo político, sin justicia ni reconocimiento de responsabilidades.
Para el dirigente, una transición real pasa por tres elementos que todavía no existen:
- Desmontar el aparato represivo y garantizar libertades plenas para presos políticos y disidencia.
- Devolver la soberanía al voto con elecciones generales, libres, competitivas, en las que pueda participar María Corina Machado y toda la dirigencia inhabilitada.
- Avanzar en un proceso de reconstrucción institucional y económica que limite el poder del Estado y abra espacio a la empresa privada y a la inversión internacional.
“Si no hay elecciones generales libres, no hay transición, hay administración de crisis”, ha dicho en foros recientes, insistiendo en que el reto es mucho más grande que cambiar nombres en Miraflores. En su visión, la oposición y la sociedad deben prepararse desde ya para esa reconstrucción, porque la experiencia de otros países muestra que transiciones mal diseñadas, sin metas compartidas ni conducción clara, terminan atrapadas entre la inercia del viejo régimen y la frustración ciudadana.

