Barrios de La Habana y de otras zonas de Cuba vivieron una larga noche de cacerolazos y protestas espontáneas luego de un apagón masivo que dejó sin electricidad a buena parte del país, en medio de una crisis energética que no da tregua. Videos difundidos en redes sociales muestran a vecinos golpeando ollas y sartenes desde balcones y calles, mientras gritaban consignas contra el gobierno y exigían el restablecimiento del servicio eléctrico.
La ola de cacerolazos se registró la noche del viernes 6 de marzo, horas después de que una falla en el Sistema Eléctrico Nacional provocara la desconexión de dos tercios del país, incluida La Habana. La estatal Unión Eléctrica (UNE) informó que la causa fue la “salida inesperada” de la termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, por un salidero en la caldera, lo que desencadenó una caída del sistema desde Camagüey hasta Pinar del Río.
Los reportes recogidos por medios independientes y plataformas como CubitaNOW y perfiles de periodistas en redes sociales señalan focos de protesta en Marianao —incluido el barrio Zamora—, Centro Habana, Belascoaín, Vedado, Jesús María y zonas de la carretera Casablanca‑Bahía, donde algunos vecinos llegaron a bloquear vías con basura en llamas. En varios de esos puntos se escucharon gritos de “¡Libertad!”, “¡Abajo el comunismo!” y “¡Basta ya!”, acompañando el estruendo de las cazuelas.
Activistas como Lara Crofs e Irma Broek advirtieron que el malestar no se debe solo a un apagón puntual, sino a meses de crisis energética, escasez y deterioro de los servicios básicos. La sensación en muchos barrios es de saturación: cortes que superan las 24 o incluso 48 horas, pérdida de alimentos refrigerados, imposibilidad de cocinar o bombear agua y temperaturas sofocantes sin ventiladores ni aires acondicionados.
Según datos de la propia UNE citados por medios internacionales, los apagones recientes han llegado a afectar hasta al 68% del país de manera simultánea, un récord que evidencia el colapso del sistema eléctrico nacional. El deterioro de las termoeléctricas, la falta de combustible y los fallos técnicos recurrentes tienen a Cuba encadenando “desconexiones” del SEN con una recuperación lenta e inestable, lo que alimenta el descontento en la calle.
Las autoridades, por su parte, se han limitado a emitir notas técnicas sobre las averías y los esfuerzos de restablecimiento, sin ofrecer un cronograma claro de solución estructural a la crisis. Mientras tanto, en los barrios el ruido de las cacerolas se ha convertido en la banda sonora de una población que, a falta de luz, decidió hacerse escuchar.

