El líder del colectivo armado “La Piedrita”, Valentín Santana, reapareció en un video difundido en redes sociales invocando a Simón Bolívar y a Hugo Chávez para pedir “fuerza” ante las “traiciones” contra Nicolás Maduro, mientras promete que “esta patria no se la vamos a entregar a estos yanquis de mierda”. El hombre que acumula al menos tres órdenes de detención, investigado por hechos de violencia, homicidio y ataques contra medios y sedes diplomáticas, habla ante un grupo de seguidores en el 23 de Enero como si fuera una autoridad legítima, llamando a “fortalecer la resistencia territorial comunal” en nombre de la revolución.
“Prefiero morir bombardeado que morir arrodillado a los gringos”, grita Santana, en una escena que mezcla fanatismo y culto a la violencia, mientras remata el acto con la consigna “patria o muerte” y el coro de “¡venceremos!” de los presentes. En su arenga, presenta a Maduro como víctima de múltiples traiciones y se coloca a sí mismo y a su colectivo como guardianes de una supuesta “resistencia” popular, obviando que durante años La Piedrita ha sido denunciada como grupo parapolicial que controla con armas y amenazas buena parte del 23 de Enero.
La paradoja es obscena: el mismo Estado que, según anunció la entonces Fiscalía, emitió tres órdenes de aprehensión contra Santana por hechos que incluyen amenazas de muerte, ataques a Globovisión, a periodistas y hasta a la Nunciatura Apostólica, le permite hoy seguir operando a rostro descubierto, arengando en actos públicos sin que ningún cuerpo de seguridad intente detenerlo. Ni los tribunales que lo buscan desde 2007 ni las denuncias que lo vinculan con prácticas de terrorismo urbano han sido obstáculo para que el jefe de La Piedrita se presente como “resistencia territorial” y se arrogue el derecho de decidir quién es traidor, quién es patriota y contra quién se debe “resistir”.
Mientras la propaganda oficial pide confianza en las instituciones, el mensaje que deja este video es claro: en zonas como el 23 de Enero mandan más los colectivos armados que las leyes, y figuras como Valentín Santana siguen siendo intocables, útiles como brazo de presión y amedrentamiento cuando conviene. Que un hombre con este prontuario pueda invocar a Bolívar y a Chávez para prometer sangre y bombas antes que “arrodillarse” frente a nadie, sin que el Estado siquiera intente ejecutar sus propias órdenes de captura, dice mucho más sobre la putrefacción del sistema que mil cadenas de televisión hablando de “paz” y “democracia”.

