Estados Unidos difundió imágenes de cuatro aviones de guerra realizando un patrullaje frente a las costas de Venezuela, poco más de dos meses después de la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro y apenas un día después del anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. El Comando Sur, responsable de las operaciones estadounidenses en América Latina y el Caribe, mostró fotografías de dos cazas F-35, un avión de patrulla marítima P-8 Poseidon y un avión cisterna KC-46 de reabastecimiento en vuelo, todos en formación sobre el litoral venezolano.
En un mensaje publicado en la red social X, el Comando Sur explicó que las aeronaves llevaron a cabo el 6 de marzo “una patrulla conjunta de presencia aérea costera frente a las costas de Venezuela”, como parte de sus operaciones regulares en la región. “Nuestra presencia persistente es un testimonio de nuestro compromiso con nuestros socios en la región. Siempre estamos vigilantes”, declaró el general Francis Donovan, jefe de esa unidad militar, subrayando el carácter disuasivo y de proyección de poder de este tipo de maniobras.
En una de las imágenes difundidas se aprecia claramente la formación de los aviones sobre el frente costero del estado La Guaira, donde se ubica el principal aeropuerto internacional del país que sirve a Caracas. El Comando Sur no precisó la frecuencia con la que realiza estos patrullajes, pero recordó que mantiene una “presencia persistente” en el Caribe desde agosto de 2025, cuando desplegó una poderosa flotilla aeronaval como parte de la presión que desembocó en la captura de Maduro el 3 de enero de 2026.
El sobrevuelo se produce en un momento de recomposición acelerada de la relación bilateral, después de que Washington y Caracas anunciaran el restablecimiento oficial de sus vínculos diplomáticos, rotos desde 2019. Días antes, el propio general Donovan se reunió en Caracas con la presidenta interina Delcy Rodríguez y con los ministros Vladimir Padrino López (Defensa) y Diosdado Cabello (Interior), antiguos abanderados del discurso “antimperialista”, para revisar la agenda de seguridad y cooperación entre ambos países.
Desde la llegada de Rodríguez al poder, tras la captura de Maduro, el gobierno venezolano ha ido aceptando un esquema de estrecha coordinación con Estados Unidos en materia energética, de seguridad y control territorial. El propio El Nacional recuerda que la mandataria ha cedido un amplio margen de maniobra a Washington en el sector petrolero y ahora impulsa una nueva Ley de Minas orientada a facilitar inversiones extranjeras en el área aurífera y de otros minerales estratégicos.
En ese contexto, las imágenes de cazas F-35, un P-8 Poseidon y un KC-46 sobre el Caribe venezolano funcionan como una postal del nuevo equilibrio de fuerzas: un país formalmente reconciliado con Estados Unidos, pero bajo la sombra de una presencia militar que la propia cúpula estadounidense define como “siempre vigilante”. Mientras voceros del Comando Sur presentan la maniobra como un ejercicio de rutina, críticos en Venezuela advierten que el mensaje político es inequívoco: Washington mantiene el control del reloj estratégico sobre el espacio aéreo y marítimo del país.

