¡“MILAGRO SALARIAL” SIN PRESUPUESTO! EL DEBATE EN VENEZUELA ENTRE SUBIR SUELDOS, NO QUEBRAR EMPRESAS Y APAGAR EL INCENDIO SOCIAL

El análisis de El Nacional expone que el salario mínimo venezolano lleva cuatro años congelado y ha perdido alrededor de 99% de su valor real, mientras la mayoría de los trabajadores sobrevive gracias a bonos, remesas y rebusques que no pasan por la nómina formal. Los actuales 130 bolívares de salario base equivalen a poco más de 30 centavos de dólar, frente a una canasta alimentaria que ronda los 600 dólares, lo que convierte el ingreso oficial en una referencia prácticamente simbólica.

En paralelo, la CTV y otros sindicatos plantean llevar el salario mínimo a una escala entre 200 y 450 dólares, argumento que presentan como un intento de reconectar el sueldo con el costo de la vida, tomando como referencia una canasta básica en torno a 570 dólares. Sin embargo, economistas advierten que un salto brusco de esa magnitud, sin una reforma profunda del marco laboral y sin un plan fiscal creíble, resultaría técnicamente inviable para buena parte del sector privado y para un Estado con caja limitada y múltiples compromisos.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) urgió recientemente al gobierno a aplicar el método consensuado en la Mesa de Diálogo Social para fijar el salario, recordando que el país está obligado por convenio a actualizarlo de forma periódica con base en indicadores objetivos y en consulta con empleadores y trabajadores. Hasta ahora, ese mecanismo no se ha ejecutado y el congelamiento prolongado ha erosionado aún más la credibilidad del diálogo social y de la propia institucionalidad laboral.

En este contexto, voces como la del representante ante la OIT Jorge Roig proponen una Ley de Emergencia Laboral que permita ajustar el salario sin destruir empresas, revisando el esquema de prestaciones y otros costos que hoy hacen casi imposible para muchas compañías absorber un aumento fuerte del mínimo. La idea es combinar un incremento escalonado del salario con alivios transitorios en cargas para el sector productivo y un cierto “ancla” fiscal y monetaria que evite que el ajuste se esfume en una nueva espiral inflacionaria.

Al final, el artículo plantea un dilema claro: la urgencia social de millones de trabajadores que no pueden seguir con sueldos de centavos frente a la fragilidad técnica de un Estado y unas empresas que no tienen, hoy, cómo financiar un salto salarial a niveles de canasta básica sin reformas de fondo. La discusión sobre salario mínimo, reforma de la Ley del Trabajo y “emergencia económica” se perfila así como el debate económico más crítico de 2026, porque de su desenlace dependerá si los venezolanos siguen colgados de bonos y remesas o recuperan, al menos parcialmente, un ingreso estable y digno.

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