Miles de venezolanos colmaron este jueves el Parque Almagro, en pleno centro de Santiago de Chile, en la que se ha convertido en la mayor concentración de la diáspora en apoyo a María Corina Machado fuera de Venezuela. De acuerdo con cifras de Carabineros, en el acto se reunieron entre 15.000 y 17.000 personas, muy por encima de las 4.000 que esperaban los organizadores, mientras en redes y algunos medios se habló de hasta 16.000 asistentes.
La líder opositora y Premio Nobel de la Paz llegó al país para asistir a la investidura del presidente chileno José Antonio Kast y aprovechó la visita para convocar a un encuentro con la colonia venezolana, que respondió con banderas, pancartas y consignas de “libertad” y “fuera la tiranía”. “¡Desbordamos Santiago de Chile, mis venezolanos!”, escribió Machado en X tras el evento, destacando que se trató de su manifestación pública más multitudinaria desde que salió de Venezuela en diciembre pasado.
En su discurso, Machado habló directamente al corazón de la diáspora: “Hoy hay una clara ruta para que todos aquellos que han sido forzados a dejar su país puedan viajar a reencontrarse con sus familias con la frente en alto”. Recordó los 16 meses en los que, según dijo, estuvo “absolutamente sola” antes de la captura de Nicolás Maduro, y aseguró que todo ese tiempo pensaba en un momento como el vivido en Santiago, con miles de compatriotas reunidos lejos de la tierra que debieron abandonar.
La opositora insistió en que la transición venezolana “ya comenzó” y que el objetivo es “derrocar la tiranía criminal” para construir “un país nuevo” capaz de recibir de vuelta a los casi ocho millones de migrantes que salieron en la última década. Agradeció al gobierno y al pueblo de Chile por haber brindado acogida a los venezolanos, al tiempo que pidió mantener ese espacio de respeto “hasta que regresen muy pronto a su país”.
El encuentro en Santiago se suma a otras escalas internacionales en las que Machado ha buscado consolidar apoyo político y moral para la transición venezolana, pero, sobre todo, se ha convertido en un termómetro del respaldo de la diáspora a su liderazgo. Para muchos asistentes, la concentración fue algo más que un mitin: fue un desahogo colectivo, una demostración de fuerza y una promesa de regreso que, por primera vez en años, sienten como algo posible.

