En restaurantes, peluquerías y comercios de Doral y el área metropolitana de Miami, la pregunta que hasta hace poco sonaba impensable empieza a colarse en las conversaciones de los venezolanos: “¿Será que ya podemos volver?”. Tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero y el inicio de una transición dirigida por Delcy Rodríguez bajo la mirada de Washington, parte de la diáspora comienza a imaginar un retorno que durante años solo existía como nostalgia.
El reportaje, firmado por El Tiempo de Colombia y reproducido por El Nacional, recoge historias como la de Carolina Corrales, ex trabajadora de Pdvsa que lleva más de 10 años en Estados Unidos y hoy es mesera en Doral. “Aún tengo familia en Caracas y no los he podido ver. El 3 de enero sin duda me devolvió la esperanza”, cuenta, mientras pregunta a unos clientes venezolanos si es cierto que pronto podrán regresar.
Otro testimonio es el del ex preso político Roberto Marrero, antiguo colaborador de Juan Guaidó, ahora exiliado en Miami. “Sin duda quiero regresar, ya me apegué a la amnistía y mi apoderado está haciendo el proceso”, afirma mientras hace fila bajo el sol para entrar a un encuentro con Donald Trump y la diáspora venezolana y cubana en el restaurante El Arepazo, en Doral.
El texto retrata escenas de fervor político: barberos que cierran un rato sus locales para tratar de ver pasar al presidente estadounidense, niños que gritan “¡Venezuela libre!” al paso del convoy del Servicio Secreto, y migrantes que, entre fotos y banderas, agradecen la operación militar que terminó con la captura de Maduro. “Tengo que verlo, él es el superhéroe del mundo”, exclama uno de ellos, que huyó tras un secuestro en Caracas y atravesó Colombia, Chile y México antes de llegar a EE UU con su familia.
Sin embargo, no todos ven el regreso como una decisión inmediata. El dueño de El Arepazo, Alexis Mogollón, con más de 25 años en Estados Unidos, admite que no piensa volver a vivir en Venezuela, aunque sí le gustaría visitarla. Otros exiliados consultados por medios como El País y CNN en Español hablan de una mezcla de ilusión y cautela: celebran la caída de Maduro, pero advierten que el “aparato represor” sigue activo y que no volverán hasta que el chavismo salga por completo de las instituciones y la transición se consolide.
El reportaje concluye que, aun con visas en el limbo, procesos migratorios inciertos y temores a represalias, por primera vez en mucho tiempo la idea del retorno dejó de ser un tabú y empezó a debatirse en voz alta. Por ahora, la mayoría mantiene el deseo de volver en el corazón y el tiquete mental en modo “abierto”: la decisión dependerá de que Venezuela demuestre que el cambio no es solo la caída de un hombre, sino el comienzo real de una vida distinta a la que los obligó a irse.

