El histórico propagandista chavista Mario Silva, rostro del programa La Hojilla, lleva más de un año fuera de la pantalla de Venezolana de Televisión (VTV) y trata de mantener vigencia migrando su espacio a YouTube y redes sociales, después de anunciar en febrero de 2025 el final de la “segunda etapa” del programa. En aquella oportunidad, el propio Silva explicó que cerraba el ciclo televisivo para “ir a las redes”, estudiar nuevos formatos y preparar una eventual “tercera etapa”, pero desde entonces su presencia quedó reducida a emisiones esporádicas en plataformas digitales con una audiencia muy inferior a la que tuvo en la era dorada del chavismo mediático.
Silva ha presentado este retiro parcial de la parrilla de VTV como una decisión personal ligada a razones de formato y de “exploración tecnológica”, aunque el antecedente pesa: ya en 2013 había salido del canal oficial tras el escándalo del audio filtrado en el que hablaba de divisiones internas y corrupción en la cúpula chavista, episodio que obligó a VTV a despedirlo públicamente tras años de ser una pieza clave de la propaganda oficial. Desde entonces, su relación con el canal del Estado ha sido intermitente, con regresos y pausas que han dejado claro que su margen de maniobra depende más de las coyunturas del poder que de decisiones exclusivamente profesionales.
En 2025, el propio conductor reconoció que había cometido “errores” y que era “complicado para trabajar”, al tiempo que admitía que necesitaba “desencapsularse” de la dinámica de VTV y volcarse a las redes para seguir “combatiendo mediáticamente”. Sin embargo, pese a su intento por reciclarse como figura digital, la comparación con el pasado es evidente: el programa que durante años fue el látigo nocturno del chavismo contra la oposición hoy sobrevive como un formato de nicho, lejos de la centralidad informativa y del blindaje que le daba la pantalla estatal.
El giro hacia las redes coincide con un ecosistema comunicacional muy distinto al de los años de Hugo Chávez: proliferan cuentas independientes, periodistas exiliados y medios digitales que compiten por la atención de la audiencia venezolana dentro y fuera del país. En ese escenario, la capacidad de Silva para imponer narrativas se ha reducido drásticamente, y su figura aparece más como un vestigio de la vieja maquinaria propagandística que como un referente influyente del nuevo momento político marcado por la captura de Nicolás Maduro y la transición bajo Delcy Rodríguez.

