La Misión Internacional de Determinación de los Hechos sobre Venezuela advirtió ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que la maquinaria represiva del Estado venezolano sigue operativa, pese a la captura de Nicolás Maduro y el cambio de figuras en el poder. En su actualización oral, los expertos afirmaron que la represión “sobrevive al sismo interno” y se esconde tras una “engañosa sensación de apertura”, mientras persisten las detenciones arbitrarias, el control de los cuerpos de seguridad y la impunidad frente a violaciones graves de derechos humanos.
La misión señaló que, desde que Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada, se han registrado al menos 87 detenciones por motivos políticos, incluidos manifestantes, ciudadanos que celebraron la captura de Maduro y periodistas que cubrían eventos oficiales. Entre septiembre de 2025 y comienzos de 2026 documentaron, en total, más de 130 detenciones arbitrarias, así como desapariciones forzadas de corta duración, torturas, tratos crueles y violencia sexual contra personas percibidas como opositoras.
Los expertos destacaron que altos funcionarios civiles y militares previamente señalados como responsables de posibles crímenes de lesa humanidad continúan en puestos clave dentro del Ejecutivo y de los cuerpos de seguridad. Además, advirtieron que las leyes y herramientas jurídicas usadas durante años para perseguir disidentes siguen plenamente vigentes, lo que permite mantener mecanismos de control y criminalización bajo una fachada de normalización.
Sobre la Ley de Amnistía, la misión reconoció como “paso favorable” el inicio de excarcelaciones, pero alertó que la información oficial es incompleta e inverificable. Cifras del propio gobierno hablan de 247 excarcelados y más de 7.400 causas cerradas, pero no existen datos claros ni verificables sobre cuántas personas siguen presas por razones políticas, un punto que también han cuestionado organizaciones como Foro Penal.
El informe concluye que en Venezuela las “estructuras represivas están mutando para seguir en el poder”, combinando gestos de apertura con la continuidad de prácticas de persecución. La misión pidió desmantelar de raíz el aparato represivo, avanzar en reformas profundas de las instituciones y garantizar verdad, justicia y reparación, al advertir que, sin cambios estructurales, la transición seguirá siendo más cosmética que real.

