Promesa chavista de transformar Anzoátegui en una potencia turística se hundió en un mar de cloacas

Promesa chavista de transformar Anzoátegui en una potencia turística se hundió en un mar de cloacas

En las campañas electorales, los candidatos suelen prometer tantas cosas que si ganan, al final de su gestión, no se ven reflejadas. En el caso del estado Anzoátegui, uno de los clichés es explotar el turismo sacando provecho a las hermosas playas de la entidad.

Y es que, en el papel, no suena mal la idea de aprovechar los más de 130 kilómetros cuadrados de costas que posee la región. Sin embargo, ambientalistas aseguran que, hasta ahora, solo un pequeño porcentaje de ese territorio ha sido utilizado.

Algunas de las razones podrían ser la falta de inversión, de iniciativa y hasta descuido gubernamental. No obstante, el motivo que genera más inquietud es el alto índice de contaminación que presenta el ecosistema marino.

Muchos pudiesen llegar a creer que al ser Anzoátegui uno de los principales estados petroleros de Venezuela, sea esta industria la que más perjudique el ambiente. Pero la realidad es que la incidencia es poca si se compara con el mal manejo de las aguas residuales.

Por ejemplo, de los más de 17 km de litoral que hay en la zona norte –desde Guanta hasta Barcelona- solo 2 km están en condiciones aceptables para recibir bañistas. Se trata de la extensión que integran Playa Los Canales, Lido y Cangrejo, entre Puerto La Cruz y Lechería.

El resto de las playas fungen como un inmenso depósito de cloacas de gran parte de las localidades. El canal de alivio de las aguas del río Neverí, la desembocadura del Dren B en la ciudad portocruzana y el desagüe de la laguna Rómulo Gallegos en el municipio Urbaneja, son las principales vertientes de aguas residuales que desembocan en el mar de la zona norte.

Es decir, cualquier proyecto de turismo que implique el uso de las costas, debería contemplar un trabajo previo con el que se redireccione o, al menos, disminuya las grandes cantidades de cloacas que van hacia el mar.

Aquí podría tener un rol de suma importancia la planta de tratamiento de aguas servidas ubicada en Puerto La Cruz, pero está inactiva desde hace varios años, y en la gestión saliente de la alcaldesa chavista de Sotillo, Herminia García, no hubo mayor intención de recuperarla.

Rodolfo Gil, presidente de la fundación “Agua para Todos”, señaló que la zona metropolitana del estado “es el reflejo de lo que no se debe hacerse en materia de disposición de aguas servidas”.

De igual forma, precisó que, incluso, esos 2 km que actualmente se utilizan como balnearios, no escapan de estar contaminados y mucho menos deberían estar aptos para su uso. “Una prueba de ello fue que todo lo que arrastró el Neverí durante su crecida en el mes de septiembre llegó hasta las costas de Lechería”.

Intentos en falso

En 2014, el entonces alcalde del municipio Simón Bolívar, Guillermo Martínez, intentó rescatar playa Caicara (también conocida como playa Pepe) para darle un lugar de atractivo turístico a la ciudad de Barcelona. De hecho, se llegó a declarar el espacio como apto para los bañistas.

Sin embargo, nunca ha sido realmente utilizable, ya que tiene muy cerca la desembocadura del canal de alivio del Neverí y el desagüe de aguas residuales de playa Maurica. Aquí entra en competencia el Ministerio de Ecosocialismo (Minec) que, dependiendo de la temporada, permite su uso.

Otro espacio que se pretendió habilitar fue el que Herminia García bautizó en octubre de 2020 como “Playa Bella”, adyacente al sector Oropeza Castillo, en la ciudad portocruzana. Meses después, la propia alcaldesa dio instrucciones de abrir un canal hacia el mar, en el que corrieran las cloacas acumuladas en las calles de la comunidad, en vista de los problemas existentes con la estación de bombeo.

Estas acciones generaron molestia y disconformidad entre los lugareños, quienes en su momento calificaron de irresponsables las medidas tomadas por la mandataria local. Incluso, lograron que la presidenta de la Comisión Ambiental de la Asamblea Nacional de 2015, María Gabriela Hernández, visitara el lugar para cerciorarse de lo denunciado.

“Ahí va a parar también todo lo que recoge el Dren B, que originalmente era para aguas pluviales, y que hoy en día arrastra cloacas para seguir aumentando los niveles de contaminación. Definitivamente esa área no puede ser utilizada por bañistas”, dijo Rodolfo Gil en relación a “Playa Bella”.

Autoridad sin ejercicio

En marzo de 2017, el parlamentario Omar González denunció que un derrame de unos 30.000 barriles de crudo en los muelles del Complejo de Jose, afectó casi 3 kilómetros de mar, llegando a las isletas de Píritu.

No obstante, el Minec, al mando de Katiuska Homsi, no hizo pronunciamiento alguno en relación al incidente. Fue hasta septiembre de 2018 cuando hubo algún tipo de acción en Jose, cuando el alto mando del organismo inspeccionó las instalaciones para evaluar la labor del condominio durante un derrame de crudo en la fosa contra incendios en el área de Petro San Félix. Luego del chequeo, el comunicado emitido por el ente no reflejó ninguna acción relevante, salvo que seguirán las observaciones hasta declarar el área saneada.

“El ministerio no tiene los recursos humanos y logísticos para abordar semejante área, sus tareas están claras en la Ley Penal del Ambiente y Constitución Bolivariana, pero no hay capacidad. En una zona como Anzoátegui deberían tener una Planta de Observación Climatológica, de aves y especies migratorias, lanchas rápidas para resguardar el parque Mochima y las áreas urbanas, pero no las tienen”, explicó Gil.

El ambientalista precisó que zonas como El Hatillo y La Cerca, ubicadas en Clarines, municipio Bruzual de la entidad anzoatiguense, puede ser de gran atractivo turístico si se explota de manera adecuada. “Hay alrededor de 35 territorios insulares con gran potencial, pero carecen de la infraestructura necesaria para ser bien aprovechada”.

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