Los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio de 2026 dejaron a cientos de familias de Guarenas y Guatire, en Miranda, fuera de sus viviendas mientras esperan evaluaciones técnicas, demoliciones y respuestas sobre su futuro habitacional. La emergencia alteró por completo la rutina de los vecinos, que pasaron de la vida cotidiana en sus edificios a refugios improvisados, casas prestadas y jornadas marcadas por inspecciones, etiquetas de riesgo y campañas de ayuda.
En Guatire, municipio Zamora, el saldo incluye tres fallecidos, dos de ellos menores de edad, y más de un centenar de lesionados, además del colapso total de un edificio y 11 estructuras declaradas no habitables, entre ellas el Edificio Ángela, cuya demolición está prevista. Protección Civil ha registrado además 219 viviendas con daños leves y moderados tras cientos de inspecciones en la zona.
En Guarenas, municipio Ambrosio Plaza, más de 70% de los 21 edificios inspeccionados no pueden ser habitados con seguridad, mientras centros comerciales y espacios emblemáticos también presentan daños relevantes. Entre los casos más dramáticos está el de la Urbanización Oropeza Castillo, donde los bloques 8 y 9 colapsaron después de las réplicas.
La historia de Yendry González resume el impacto humano de la tragedia: logró sacar a su padre en silla de ruedas, sufrió más de 50 picaduras de abejas tras el desprendimiento de un panal y salió del edificio minutos antes del derrumbe final. Como ella, otros vecinos perdieron de forma repentina la casa donde construyeron su vida y ahora enfrentan la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar.
En otros sectores de Guatire, familias enteras siguen alojadas en refugios temporales o en viviendas de conocidos, mientras esperan informes técnicos y decisiones oficiales sobre la demolición o reparación de sus inmuebles. En el casco central, la casa centenaria de Marisela Donis fue declarada inhabitable tras el sismo, obligando a su familia a salir de un hogar con más de 200 años de historia.
También hay casos como el de Olinda Pinto, en el edificio El Doral, donde una etiqueta amarilla impide volver a dormir en el apartamento aunque los daños parezcan menores. En Residencias Guatire Plaza III, entre 240 y 250 familias fueron desalojadas y se organizaron espacios comunes con carpas y colchones para pasar la noche.
Mientras tanto, en ambos municipios se multiplican las campañas solidarias para reunir bloques, cemento, agua y alimentos, en medio de un escenario donde la prioridad sigue siendo una sola: recuperar la vivienda y volver a la normalidad. Las familias afectadas coinciden en que, más allá de las pérdidas materiales, lo que hoy anhelan es simple: poder regresar a casa.
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