Un juez federal ha bloqueado este martes 15 de septiembre el último intento de la junta directiva del Centro Kennedy de incorporar el nombre del presidente Donald Trump al edificio, marcando la segunda derrota judicial consecutiva para la administración en su esfuerzo por dejar su impronta en el emblemático centro de artes escénicas de Washington. El juez de distrito Christopher Cooper, nominado por el presidente Barack Obama, afirmó que la propuesta de añadir una placa de agradecimiento al presidente por la renovación y restauración de la institución, así como la idea de renombrar el complejo en su honor, «contraviene una orden judicial federal y una legislación aprobada por el Congreso».
Fallo del juez Christopher Cooper: «No pueden instalar memoriales sin aprobación del Congreso»
En una decisión de 22 páginas, el juez Christopher Cooper de la Corte de Distrito de Estados Unidos para el Distrito de Columbia fue contundente en su fallo. «En términos simples: los demandados no pueden erigir memoriales en honor al presidente Trump —ni a ninguna otra persona o cosa— en el Centro Kennedy sin la aprobación del Congreso», escribió Cooper. El magistrado señaló que la resolución de la junta directiva «desafía una orden de un tribunal federal y una ley promulgada por el Congreso», haciendo referencia tanto a su fallo anterior de mayo como al estatuto fundacional del Centro Kennedy que otorga al Congreso la autoridad exclusiva para asignar nombres a la institución.
Cooper enfatizó que el estatuto constitutivo del Centro Kennedy «deja meridianamente claro que el Centro debe llevar el nombre del presidente Kennedy y no puede adoptar ninguna otra denominación formal ni constituir un monumento público por decisión unilateral de la junta». El juez también impidió que el Centro Kennedy denominara «Presidente Donald J. Trump Plaza» a los terrenos que ocupa el complejo, argumentando que tal medida infringe su orden anterior que prohibía cualquier señalización en el «edificio o los terrenos» del Centro Kennedy que «designara, sugiriera o diera a entender que la institución lleva el nombre de una persona distinta al presidente John F. Kennedy».
Propuesta de la junta directiva: placa de agradecimiento y renombramiento de terrenos
La propuesta aprobada por la junta directiva del Centro Kennedy el 13 de agosto contemplaba colocar en la fachada del centro la inscripción: «Restaurado y renovado por el presidente Donald J. Trump». Además, el directorio impulsaba cambiar el nombre del campus para incluir el apellido del mandatario, designando los terrenos físicos como «Presidente Donald J. Trump Plaza». Aunque inicialmente la inscripción estaba prevista para este mes, los abogados del consejo informaron al tribunal que esperarían hasta el 8 de octubre para que el juez resolviera la legalidad de la medida.
El Departamento de Justicia había argumentado que la junta no pretende cambiar el nombre de la institución, sino reconocer la labor de Trump en la recaudación de fondos para las renovaciones necesarias del centro. Sin embargo, Cooper rechazó este argumento, señalando que «ninguna pirueta lingüística puede eximir a la Junta Directiva del Centro Kennedy de una orden judicial vigente ni de la normativa que dicha orden debía hacer cumplir».
Demanda de Joyce Beatty: la congresista que se opone al cambio de nombre
El fallo dio la razón a la congresista demócrata Joyce Beatty de Ohio, miembro de oficio de la junta directiva del Centro Kennedy, quien presentó una demanda en diciembre para impedir que el centro adoptara el nombre de Trump y solicitó en agosto bloquear el plan de grabar el nombre del presidente en el edificio. Beatty, quien se opone a los planes de la junta, argumentó que los cambios propuestos violaban tanto la ley federal como la orden judicial previa emitida por Cooper en mayo.
«La resolución de la junta desafía una orden de un tribunal federal y una ley promulgada por el Congreso», subrayó Cooper en su conclusión, dando la razón a los argumentos presentados por Beatty y sus representantes legales. La congresista ha sido una voz crítica constante contra los esfuerzos de la administración Trump para transformar el Centro Kennedy, argumentando que tales cambios erosionan el legado del presidente John F. Kennedy y violan el mandato congressional original que estableció la institución.
Antecedentes: el fallo de mayo que ordenó retirar el nombre de Trump
En mayo, Cooper dictaminó que la junta directiva del Centro Kennedy no podía cambiar por sí sola el nombre del recinto a «Trump-Kennedy Center», señalando que corresponde al Congreso asignar el nombre a la institución. En junio, el Centro Kennedy retiró el nombre de Trump de la fachada, pero desde entonces los andamios y las lonas ocultaron el letrero a la vista del público, manteniendo el frente del edificio cubierto durante meses mientras se desarrollaba la batalla legal.
El juez Cooper pospuso su decisión sobre una parte de la resolución del 13 de agosto: una propuesta para añadir una inscripción adicional en honor al «Fondo Trump del Centro Kennedy» una vez que el fondo de dotación hubiera recaudado US$100 millones. Dado que el fondo aún no ha recaudado dinero, pronunciarse sobre esa propuesta resultaba «prematuro», señaló Cooper. En su lugar, ordenó que se notifique si se alcanza dicho umbral de recaudación, con una antelación mínima de 60 días antes de que se pueda añadir el texto.
Junta directiva del Kennedy Center: aliados de Trump en el control
La junta directiva del Centro Kennedy está integrada en gran medida por aliados de Trump, nombrados por el presidente durante su administración. Esta composición ha sido fuente de controversia, con críticos argumentando que la junta está actuando más como un vehículo para los intereses políticos del presidente que como guardianes independientes de la institución cultural.
La junta votó este martes por la tarde para cerrar el centro por renovaciones, una decisión que Trump confirmó en declaraciones a la prensa, diciendo que las renovaciones y reconstrucción del centro no comenzarán hasta que una Corte de Apelaciones del Circuito de D.C. o la Corte Suprema dictaminen que el nombre de Trump puede ser restaurado al nombre oficial del centro. «El Centro Kennedy permanecerá cerrado hasta que se resuelva este asunto», declaró Trump, sugiriendo que el cierre podría extenderse indefinidamente mientras continúan las apelaciones legales.
Reacciones políticas: enfrentamiento entre demócratas y republicanos
El fallo ha generado reacciones encontradas en el panorama político estadounidense. Demócratas han celebrado la decisión judicial como una victoria para la preservación del legado de Kennedy y el respeto a la autoridad congressional. «El Centro Kennedy debe permanecer como un monumento al presidente Kennedy, no como un vehículo para la auto-promoción de ningún presidente», declaró un portavoz del liderazgo demócrata en la Cámara.
Republicanos, por otro lado, han criticado el fallo como un ejemplo de activismo judicial que impide reconocer las contribuciones legítimas de Trump al Centro Kennedy. «El presidente Trump ha trabajado incansablemente para revitalizar el Centro Kennedy, y es un insulto que se le impida recibir reconocimiento por sus esfuerzos», declaró un portavoz del Comité Nacional Republicano.
El Departamento de Justicia ha indicado que es posible que el Gobierno de Trump apele rápidamente el fallo de este martes, llevando el caso ante la Corte de Apelaciones del Circuito de D.C. y potencialmente hasta la Corte Suprema. Sin embargo, expertos legales señalan que las posibilidades de éxito en apelación son limitadas dado el lenguaje claro del estatuto fundacional del Centro Kennedy y los precedentes judiciales establecidos.
Historia del Kennedy Center: monumento a JFK bajo controversia
El Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas fue establecido por el Congreso en 1958 como un memorial viviente al presidente Kennedy, asesinado en 1963. La institución ha sido operada por una junta directiva designada parcialmente por el presidente y parcialmente por el Congreso, reflejando su naturaleza como institución federal independiente.
La ley fundacional del Centro Kennedy especifica claramente que la institución debe llevar el nombre del presidente Kennedy y prohíbe «memoriales o placas adicionales que tengan carácter de memorial» sin aprobación congressional explícita. Esta disposición ha sido el centro de la batalla legal actual, con Cooper interpretando que la ley no permite a la junta directiva modificar unilateralmente el nombre o añadir reconocimientos que efectivamente constituyan memoriales adicionales.
El Centro Kennedy ha sido sede de innumerables eventos culturales, conciertos, óperas y producciones teatrales desde su apertura en 1971, consolidándose como uno de los centros de artes escénicas más prestigiosos del mundo. La controversia actual sobre su nombre ha generado preocupación entre la comunidad artística sobre el potencial impacto en la reputación internacional de la institución.
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