Butler, Pensilvania. Dos años después de recibir un disparo mientras asistía a un mitin político con su familia, James Copenhaver perdió la batalla que libraba desde aquel día. El hombre, que quedó con daño nervioso permanente y tuvo que aprender a caminar con bastón tras el ataque, falleció el miércoles a los 76 años, rodeado de sus seres queridos, según confirmó su familia a través de un abogado.
Para muchas familias hispanas en Estados Unidos, que como cualquier ciudadano asisten a eventos políticos confiando en que las autoridades garantizarán su seguridad, la historia de Copenhaver es un recordatorio doloroso de que la violencia política puede alcanzar a cualquier persona presente, sin importar si es el objetivo principal del ataque.
Un veterano que se convirtió en víctima inocente
Copenhaver murió el miércoles en un hospital, según confirmó la oficina del médico forense del condado de Allegheny, aunque hasta el momento no se ha revelado la causa específica de su fallecimiento. El abogado de la familia, Joseph Feldman, señaló que Copenhaver estuvo acompañado de sus familiares en sus últimos momentos.
En su declaración, Feldman destacó la trayectoria de vida de Copenhaver: «El compromiso de James con este gran país fue un aspecto definitorio de su vida. Como veterano, sirvió orgullosamente a nuestra nación en las fuerzas armadas y su amor por el país nunca flaqueó».
El día que cambió su vida para siempre
El 13 de julio de 2024, durante un mitin de campaña en Butler, Pensilvania, un pistolero disparó desde un techo cercano mientras el entonces candidato Donald Trump se dirigía a la multitud. El ataque dejó al hoy presidente herido en la oreja, causó la muerte de Corey Comatore, de 50 años, y provocó heridas graves a Copenhaver y a otro asistente ubicado en el extremo opuesto de las gradas.
Copenhaver recibió dos impactos de bala: uno le seccionó el tríceps, mientras que el segundo proyectil permaneció alojado en su cuerpo de manera permanente. Las lesiones le dejaron un daño nervioso irreversible, obligándolo a depender de un bastón para movilizarse durante el resto de su vida. Estuvo hospitalizado durante dos semanas, en condición crítica pero estable.
Su propio relato del ataque
Casi un año después de los disparos, Copenhaver compartió con el medio local KDKA los detalles de aquellos segundos que marcaron su vida: «No me di cuenta en el momento que había sido disparado, pero me di vuelta y fue cuando recibí el segundo disparo». Sobre la sensación del impacto, describió: «Se sintió como una sacudida, pero no me tiró. No quería caerme tampoco».
Ese instinto de mantenerse en pie, incluso herido, se convirtió más tarde en un símbolo de la resiliencia con la que enfrentó los dos años siguientes de recuperación física y emocional.
Una demanda que quedó sin respuesta final
En junio de 2026, Copenhaver y su esposa Marianne presentaron una demanda contra el gobierno federal, alegando «negligencia, temeridad y/o descuido» por parte del Servicio Secreto durante el operativo de seguridad del mitin de Butler. La demanda sostiene que las heridas sufridas fueron «severas, dolorosas y permanentes», y el caso permanece activo hasta el día de hoy.
Debido al litigio en curso, un abogado de la familia se negó a confirmar si las heridas del ataque contribuyeron directamente a su fallecimiento, dejando esa pregunta sin respuesta oficial por ahora.
Las voces que lo recordaron
El presidente Trump escribió en su red social Truth Social un mensaje de condolencias, describiendo a Copenhaver como «un verdadero patriota estadounidense»: «James fue un verdadero patriota estadounidense que creía profundamente en las libertades e ideales sobre los cuales fue fundada nuestra gran nación… Su legado indeleble de coraje y devoción perdurará. Nuestros corazones y oraciones están con la familia Copenhaver, especialmente su increíble esposa Marianne».
Por su parte, el gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, quien estuvo presente en el mitin de Butler aquel día, utilizó el fallecimiento de Copenhaver para reiterar un llamado a la unidad nacional: «La violencia política, que ocurrió en Butler, Pensilvania el 13 de julio de 2024, nunca está bien… Tenemos el deber de bajar la temperatura, elevarnos por encima del odio y luchar por un futuro más brillante para esta nación».
Una herida que la comunidad no ha cerrado
La muerte de Copenhaver reabre una conversación que Estados Unidos no ha terminado de resolver: la de la violencia política y sus consecuencias duraderas, no solo para las figuras públicas que son blanco de los ataques, sino para los ciudadanos comunes que resultan atrapados en el fuego cruzado. Para la comunidad hispana, que también ha sido testigo de episodios de violencia en actos públicos y políticos en distintas partes del país, este caso subraya la importancia de exigir protocolos de seguridad rigurosos en cualquier evento masivo, independientemente de la filiación política de los asistentes.
El caso judicial contra el Servicio Secreto continuará su curso, y con él, posiblemente, más respuestas sobre qué falló aquel 13 de julio de 2024 y qué responsabilidad institucional existe en la protección de los ciudadanos que asisten a este tipo de eventos.
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