La Navidad de los venezolanos vuelve a estar atravesada por la detención de presos políticos y la migración masiva, con cientos de familias que no podrán reunirse ni alrededor de la mesa ni en su propio país. Organizaciones de derechos humanos y comités de familiares denuncian que mientras se llenan las calles de luces y gaitas oficiales, más de 800 personas permanecen tras las rejas por motivos políticos y millones de venezolanos siguen viviendo la Navidad lejos de su tierra.

Según ONG como Foro Penal y Justicia, Encuentro y Perdón (JEP), en Venezuela hay entre 893 y más de 1.000 presos políticos, dependiendo del registro que se tome como referencia. Los activistas advierten que muchos de ellos están sin condena firme, bajo procesos viciados, con acusaciones genéricas como terrorismo, conspiración o traición a la patria, y en condiciones que incluyen desapariciones forzadas temporales y aislamiento prolongado.

Familiares de los detenidos organizaron en Caracas una protesta simbólica con una gran mesa navideña vacía, adornada con platos, copas y esferas con los nombres de sus seres queridos encarcelados, para exigir una “Navidad sin presos políticos”. En pancartas y consignas, reclaman que “pensar no es un delito” y piden la libertad de militares, dirigentes sociales, sindicalistas, activistas y ciudadanos comunes que llevan años privados de libertad, algunos desde casos tan antiguos como 2004.

Más de 800 presos, decenas desaparecidos y extranjeros tras las rejas

El último balance de Foro Penal citado en los reportes señala 893 presos políticos, de los cuales 162 ya tienen condena y 731 siguen sin sentencia, además de 63 personas cuyo paradero se desconoce formalmente. La organización también resalta que al menos 86 detenidos tienen nacionalidad extranjera, lo que convierte la prisión política en un tema no solo interno, sino de tensión diplomática con otros gobiernos.

Por su parte, Justicia, Encuentro y Perdón ha elevado la cifra a más de 1.080 presos por motivos políticos, incluidos más de 180 mujeres y casi 900 hombres, alertando sobre el aumento de detenciones arbitrarias y desapariciones en los últimos meses. Ambas ONG coinciden en que desde 2014 se han producido más de 18.000 detenciones políticas y que el encarcelamiento se ha convertido en una herramienta de control y negociación del régimen de Nicolás Maduro, tanto dentro como fuera del país.

Migración: la otra cara de la silla vacía en la mesa

A la ausencia de quienes están presos se suma la de quienes se han ido: la migración venezolana supera los 7 millones de personas en el mundo, de acuerdo con agencias internacionales citadas por medios y ONG. Muchas familias viven la Navidad divididas entre Caracas, el interior del país y ciudades como Lima, Bogotá, Santiago, Buenos Aires, Madrid o Miami, conectándose apenas por videollamadas para compartir una cena simbólica.

En barrios populares y urbanizaciones por igual se repiten historias de hogares fracturados, donde los abuelos celebran con fotos impresas o en la pantalla del teléfono, y padres que cocinan hallacas o pan de jamón en otro país mientras intentan enviar remesas para sostener a los que se quedaron. La sensación de “Navidad en pausa” se mezcla con el duelo silencioso de quienes no pueden regresar por falta de documentos, precios de pasajes o temor a represalias políticas al pisar de nuevo suelo venezolano.

Religiosos y activistas bajo presión en pleno diciembre

El clima navideño también se ve marcado por el hostigamiento a voces críticas, como el caso del cardenal Baltazar Porras, a quien las autoridades impidieron salir del país y anularon su pasaporte en medio de tensiones abiertas entre el chavismo y la Iglesia. El episodio se suma a la creciente presión contra periodistas, defensores de derechos humanos y dirigentes opositores, que enfrentan restricciones de movilidad, amenazas y procedimientos judiciales como parte del aparato represivo descrito por diversas misiones internacionales.

En este contexto, comités de familiares, ONG y sectores de la Iglesia insisten en que la auténtica “Navidad venezolana” no puede medirse por ferias, conciertos o iluminaciones oficiales, sino por la posibilidad de reencuentro, libertad y retorno para quienes hoy están tras las rejas o en el exilio. Su consigna, repetida en marchas, vigilias y misas, resume el reclamo de fondo: “Navidad sin presos políticos y con los migrantes de vuelta a casa

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