Sindicatos y gremios empresariales comenzaron a mover fichas para intentar sacar al salario mínimo venezolano de la agonía en la que lleva casi cuatro años, con propuestas que parten de un piso de 200 dólares mensuales y metas que se ubican entre 350 y 450 dólares como ingreso mínimo integral. La discusión se da en paralelo a la presión de las cifras: la canasta alimentaria ronda los 677 dólares y el salario oficial sigue congelado en 130 bolívares desde 2022, menos de 2 dólares al cambio, por lo que hoy no llega ni al 0,1% del costo de la comida de una familia.
Lo que están planteando sindicatos y empresarios
En una reciente mesa de trabajo reseñada por medios nacionales, Tito Blanco, dirigente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), aseguró que “es el momento de oro para el gobierno saldar una deuda que tiene con los trabajadores” y propuso fijar un monto base de 200 dólares, con una “meta” situada entre 350 y 450 dólares mensuales. La idea, explicó, es avanzar hacia un salario que se acerque al costo real de la canasta alimentaria y permita recomponer algo del poder adquisitivo perdido.
Organizaciones sindicales autónomas han venido insistiendo desde el Foro de Diálogo Social en la referencia del Convenio 131 de la OIT, que establece que el salario mínimo debe considerar el costo de la vida, las necesidades de los trabajadores y sus familias y otros factores económicos. En ese marco, han planteado incrementos iniciales de al menos 200% y la fijación de un piso de 200 dólares como punto de partida para una recuperación gradual.
Del lado empresarial, voceros consultados por medios especializados coinciden en que el salario mínimo actual es “meramente simbólico” y que urge una discusión técnica tripartita (gobierno, empleadores, sindicatos) para definir un monto viable que no quiebre a las empresas pero tampoco condene a los trabajadores a la pobreza extrema. Algunos sectores privados consideran que 200 dólares es un objetivo posible en el corto plazo para empresas formales medianas y grandes, mientras los 350–450 dólares lucen más como meta a alcanzar de forma escalonada.
Un salario mínimo que prácticamente desapareció
El contexto explica la urgencia. El salario mínimo de 130 bolívares (vigente desde marzo de 2022) equivale hoy a entre 1 y 1,5 dólares mensuales, según la tasa oficial, y ha sido devorado por la inflación y la devaluación, al punto de que Cendas-FVM calcula que solo cubre el 0,05% de la canasta alimentaria de 677 dólares. En la práctica, la mayoría de los trabajadores del sector público sobrevive gracias a bonos en bolívares y dólares pagados por el sistema Patria, que ayudan a elevar el ingreso efectivo a 70–150 dólares, pero no tienen incidencia salarial ni cuentan para prestaciones.
Esa “bonificación” del ingreso ha sido duramente criticada por sindicatos, que advierten que destruye la seguridad social y deja a los empleados sin base real para calcular vacaciones, utilidades o jubilaciones. De ahí que la nueva discusión no se limite a cuánto pagar, sino también a cómo recomponer el peso del salario frente a los bonos, de manera que los aumentos no se queden solo en anuncios políticos.
Lo que falta: que el gobierno se mueva
Por ahora, el Ejecutivo no ha anunciado un nuevo monto, aunque distintas fuentes señalan que se evalúan escenarios de aumento nominal en bolívares combinado con bonos en dólares vía Patria para elevar el “ingreso mínimo integral”. Mientras tanto, sindicatos y empresarios presionan para que la mesa tripartita se reactive con una referencia clara: un salario mínimo que deje de ser una ficción y empiece, al menos, a mirar la realidad de una canasta alimentaria en 677 dólares y de una economía que ya se dolarizó en la calle.

