La carga de petroleros en Venezuela se desplomó este lunes, con la mayoría de los buques moviendo solo cargamentos entre puertos nacionales, mientras los clientes internacionales frenan operaciones tras las acciones de Estados Unidos contra barcos vinculados al crudo venezolano. De acuerdo con datos de monitoreo y fuentes citadas por Reuters, la estatal PDVSA intenta operar a media máquina, golpeada al mismo tiempo por el bloqueo marítimo de Washington y por un ciberataque que afectó sus sistemas internos.

Estados Unidos, a través de su Guardia Costera, incautó este mes un superpetrolero bajo sanciones que transportaba petróleo venezolano e intentó interceptar otros dos buques relacionados con Venezuela durante el fin de semana, uno de ellos vacío pero sancionado y otro tanquero no autorizado y completamente cargado rumbo a China. Washington no ha dado detalles actualizados sobre la situación final de esos barcos, lo que incrementa la incertidumbre entre armadores y aseguradoras que operan con crudo venezolano.

Hasta el lunes, PDVSA solo había logrado despachar una carga de 1,9 millones de barriles de crudo pesado al buque Azure Voyager, con bandera de Aruba, desde el puerto de Jose, pero ningún otro superpetrolero con destino a Asia estaba programado para cargar en el corto plazo, según documentos internos de la compañía. Al mismo tiempo, crece el número de petroleros ya cargados que no han zarpado, dejando millones de barriles atrapados en buques fondeados, mientras los compradores exigen descuentos más profundos y cambios contractuales para asumir el riesgo de navegar más allá de las aguas venezolanas bajo la sombra del bloqueo.

Los datos de monitoreo muestran además que varios tanqueros que se acercaban a la costa venezolana —ya fuera para cargar crudo de exportación o para entregar nafta importada utilizada en la mezcla— han realizado giros en “U” o han suspendido su navegación recientemente, a la espera de nuevas instrucciones de los propietarios. Esa reacción refleja el temor a terminar interceptados, confiscados o atrapados en una disputa legal, en un contexto donde las reglas del juego cambian al ritmo de las sanciones y decisiones unilaterales de Washington.

En paralelo, PDVSA intenta restablecer algunos sistemas en línea tras el ciberataque sufrido la semana pasada, recurriendo incluso a registros escritos para poder seguir operando. La petrolera no ha logrado recuperar por completo su sistema administrativo centralizado, y muchas trabajadoras y trabajadores no han recibido sus salarios a tiempo, lo que añade tensión interna en la empresa en pleno cierre de año. Ni PDVSA ni el Palacio de Miraflores han respondido hasta ahora a las solicitudes de comentarios sobre el alcance real del ataque y el impacto del bloqueo sobre las exportaciones.

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