Organizaciones de derechos humanos denunciaron que en el penal de Tocuyito, en el llamado Centro de Formación Hombre Nuevo Libertador, funciona una zona conocida como “El Cajón”, descrita como una celda de torturas blancas donde permanecen hoy al menos 200 presos políticos sometidos a encierro extremo, aislamiento y condiciones inhumanas. De acuerdo con estas denuncias, en el recinto hay entre 450 y 500 presos políticos en total, víctimas de la estructura represiva del régimen de Nicolás Maduro, que combina torturas físicas, psicológicas y “blancas” sin importar edad ni condición de salud.
Según el reporte, “El Cajón” es un sótano del penal donde la celda más grande mide apenas 10 metros de largo por 5 o 6 de ancho, más otras celdas pequeñas, y allí se distribuye a los detenidos recién trasladados, que pueden pasar entre 40 y 50 días encerrados sin ver la luz del sol. El lugar permanece con luces muy potentes encendidas las 24 horas, sin ventilación natural ni referencia de día y noche, y la comida se entrega en tobos plásticos, obligando a los presos a tomar los alimentos con las manos, lo que los mantiene desorientados, humillados y en un estado de agotamiento físico y psicológico permanente.
La custodia de esta zona está en manos de funcionarios del SESMAS —adscrito al Ministerio de Interior y Justicia— y de la DGCIM, bajo la dirección de un jefe identificado como Juan López, señalado de golpear a los reclusos con un bate de béisbol, proferir insultos y repetir que quien manda allí es “el gobierno”. A la llegada al penal, todos los presos políticos serían recibidos con los llamados “combos de recibimiento”: golpes con puños, palos y puntapiés, los obligan a tirarse al suelo, les caminan por encima del cuerpo y la cabeza, y luego los dejan horas bajo el sol, sin agua ni alimentos, antes de enviarlos a “El Cajón”.
La denuncia describe además una “falta de medios de vida” deliberada: los presos reciben una alimentación mínima y de mala calidad, como una arepa con sardinas descompuestas o dos rodajas de mortadela en desayuno, y luego espaguetis o arroz sin sal con un poco de mortadela en agua o sardinas mal preparadas. Muchos se encuentran con anemia, desnutrición y pérdida severa de peso, y la comida en mal estado les provoca infecciones gastrointestinales y enfermedades en la piel, sin acceso adecuado a atención médica.
Cuando se suministran medicamentos, suelen estar vencidos y no hay suficientes analgésicos, antiinflamatorios ni antibióticos, pese a que varios presos presentan afecciones dentales, cuadros infecciosos graves, sarna, viruela del mono e hipertensión, entre otras patologías. Los reclusos denuncian además amenazas constantes, maltratos, vejaciones y convivencia forzada con presos comunes, lo que aumenta la vulnerabilidad y el riesgo de violencia dentro del penal.
Como parte del castigo, en “El Cajón” se obliga a los presos a recibir instrucción premilitar y a cantar consignas a favor de Hugo Chávez, lo que organizaciones especializadas interpretan como un modo de adoctrinamiento forzado y degradación política. Activistas como la abogada Tamara Suju y plataformas de defensa de los presos políticos han descrito a Tocuyito como un verdadero “centro de torturas”, señalando que golpizas, aislamiento y tortura psicológica confirman que las cárceles venezolanas se usan como “armas del régimen”.
Los testimonios sobre “El Cajón” encajan con informes más amplios de la ONU y del Instituto Casla, que documentan torturas, tratos crueles, violaciones sexuales y condiciones de detención degradantes en cárceles como Tocuyito, Tocorón, Rodeo I o La Crisálida, en el marco de una política de represión sistemática contra opositores, manifestantes, periodistas, sindicalistas y ciudadanos que simplemente expresan su descontento. Los denunciantes piden a la comunidad internacional que se haga eco de estos hechos, exigen la lista completa de detenidos por motivos políticos y terrorismo en ese penal y reclaman a los gobiernos que siguen vinculados al régimen de Maduro que dejen de mirar hacia otro lado ante esta barbarie carcelaria.

