España se ha convertido en uno de los principales destinos de la diáspora venezolana, al punto de que los trabajadores provenientes de Venezuela ya son la segunda fuerza laboral foránea en ese país, solo por detrás de Colombia. Los últimos datos de la Seguridad Social española muestran que el empleo originado en América Latina creció 9% en un año, con unos 92.300 nuevos ocupados, y que colombianos y venezolanos concentran prácticamente la mitad de todo ese incremento del empleo extranjero.
Según las cifras difundidas por la agencia EFE y el Ministerio de Inclusión, Migraciones y Seguridad Social, este año se superó el millón de afiliados procedentes de países latinoamericanos, de los cuales más de 250.000 son colombianos y alrededor de 210.000 son venezolanos registrados formalmente como trabajadores en España. Ese salto coloca a la comunidad venezolana por delante de otras nacionalidades históricamente presentes, consolidándola como una de las que más ha crecido en el mercado laboral español durante la última década.
El contraste con el pasado reciente es brutal: en 2019 apenas se contabilizaban unos 16.000 trabajadores venezolanos afiliados a la Seguridad Social; hoy ya se habla de más de 200.000, es decir, más de diez veces esa cifra en solo unos años. Este aumento refleja el impacto directo del éxodo venezolano, impulsado por la crisis económica, el colapso de los servicios públicos, la hiperinflación y la falta de empleos dignos en el país de origen, lo que ha llevado a cientos de miles de profesionales, técnicos y trabajadores de oficios a buscar estabilidad en España.
En cuanto a la distribución laboral, cerca del 87% de los trabajadores venezolanos en España se encuentra en el régimen general de la Seguridad Social (asalariados), alrededor del 9% figura como autónomo y un 2,8% labora en el servicio doméstico. Esto significa que, aunque aún hay un volumen importante de empleo en tareas de cuidados y limpieza, la mayoría está insertada en empresas y sectores productivos formales, con contratos y cotizaciones que contribuyen directamente al sistema de bienestar español.
Los venezolanos se han convertido en mano de obra clave en sectores como la hostelería, comercio, construcción, servicios administrativos y cuidados, donde la presencia de trabajadores extranjeros puede llegar al 30% de las plantillas, según estudios citados por la prensa económica. Al mismo tiempo, comienza a notarse un crecimiento de su participación en actividades de alto valor añadido, como servicios sanitarios, tecnológicos, industriales y científicos, impulsado por una ola migratoria donde abundan profesionales universitarios que, aun enfrentando trabas de homologación de títulos, logran insertarse en puestos más cualificados.
En el plano demográfico, se calcula que en España residen ya unas 600.000 personas nacidas en Venezuela, lo que convierte a los venezolanos en una de las principales comunidades latinoamericanas, junto a colombianos y ecuatorianos. La importancia de esta presencia se ve también en la figura del arraigo, un mecanismo del Reglamento de Extranjería que permite otorgar permisos de residencia y trabajo a quienes demuestran vínculos laborales, sociales o familiares de más de dos años, y del que se benefician de forma muy destacada los latinoamericanos, incluidos los venezolanos.
El Ministerio español de Inclusión y Seguridad Social ha subrayado en varias ocasiones que la aportación de los trabajadores extranjeros es “muy positiva” para el crecimiento de la afiliación y que su presencia es fundamental en sectores como la hostelería, y “muy interesante” en actividades de alto valor añadido. En este contexto, la comunidad venezolana se consolida no solo como símbolo de una crisis de origen, sino también como un actor económico central en el presente y futuro del mercado laboral español, ocupando el segundo lugar entre las fuerzas laborales foráneas y dejando claro que el éxodo ya es también una historia de trabajo y arraigo al otro lado del Atlántico.

