Venezuela acaba de sumar una razón legítima para alegrarse en Navidad: el nacimiento de una cóndor andina hembra en el estado Mérida, la primera cría de esta especie registrada en el país en 22 años. El nacimiento se produjo el 22 de diciembre en el centro de conservación Mundo Safari, que mantiene en resguardo a una pareja de cóndores andinos por encontrarse en situación de riesgo y forma parte de un programa especializado para salvar a esta especie emblemática de los Andes.
La nueva cóndor es hija de Pishirapu y Nareupa, dos ejemplares que permanecen bajo cuidado humano precisamente por la vulnerabilidad de la especie en Venezuela. Mundo Safari explicó que esta cría pasa a integrar de inmediato el programa de conservación del cóndor andino en el país y subrayó la dimensión del logro: “el nacimiento de esta ejemplar abre una luz, ya que solamente existen 10 ejemplares en Venezuela”, contando ahora a la recién nacida.
El proceso fue seguido casi día a día. El 13 de diciembre, el centro anunció que la pareja había puesto un huevo fértil y estimaba que el nacimiento ocurriría entre el 23 y el 24 de diciembre, pero la cría se adelantó y rompió el cascarón el 22 de diciembre. El equipo de conservación detalló que el huevo fue monitorizado cuidadosamente: el 30 de noviembre se confirmó que era fértil y se pesó, ya que en esta especie el huevo tiene un peso máximo inicial y, hasta la eclosión, va perdiendo alrededor de 14% de su peso, un patrón que coincide con los datos de programas de conservación en Colombia.
El valor de este nacimiento es doble: por la escasez extrema de ejemplares en el país y por las características biológicas del cóndor andino. Estas aves son monógamas de por vida y su reproducción es muy lenta, lo que hace que cada huevo fértil y cada polluelo que logra nacer y sobrevivir tenga un peso enorme en términos de conservación, especialmente en poblaciones tan reducidas como la venezolana.
Desde Mundo Safari destacan que este hito no es solo un logro del centro, sino un avance para el programa binacional y regional de conservación del cóndor andino, que comparte datos y protocolos con instituciones de países como Colombia, donde también se trabaja intensamente para recuperar la especie. El nacimiento de esta hembra abre la posibilidad de, a mediano y largo plazo, reforzar la población cautiva y, si las condiciones lo permiten, pensar en futuros proyectos de reintroducción o fortalecimiento genético de los grupos que aún sobreviven en ecosistemas andinos de Venezuela.
En un contexto nacional marcado por crisis económica, migración y conflictividad política, la llegada de esta cóndor andina funciona casi como un símbolo de resistencia y esperanza. Para los conservacionistas, cada nuevo ejemplar es una victoria frente a la pérdida acelerada de biodiversidad, la caza, el envenenamiento y la destrucción de hábitats que han llevado a la especie al borde de la desaparición en buena parte de su rango histórico.

