En vísperas de la Nochebuena, los venezolanos dicen estar más pendientes del bolsillo que de la tensión militar con Estados Unidos, según relatan comerciantes y compradores en mercados populares de Caracas. El aumento de los precios, el alza del dólar y la presión de las compras decembrinas definen una Navidad atípica, pese al imponente despliegue militar ordenado por Washington en aguas cercanas a Venezuela, que muchos ven como ruido de fondo frente a la urgencia de comprar comida, estrenos y juguetes.
En el mercado de Quinta Crespo, uno de los más grandes de la capital, la comerciante María Da Silva, de origen portugués, resume la paradoja: “Hay mucha gente en la calle, pero no se ve mucha bolsa. La economía está un poquito fuerte. La plata no te rinde”. Cuenta que antes tenía empleados y ahora trabaja prácticamente sola, porque “la economía bajó” y no puede sostener la misma estructura en su negocio, ni garantizar en su casa una cena navideña como las de antes: este año no hubo hallacas, apenas bollitos (tamales de masa sin relleno) y regalos solo para los nietos.
La escena se repite con otros testimonios. Los comerciantes describen un diciembre con mucha gente vitrineando pero comprando “de a poquito”: cien gramos de un producto, medio kilo de otro, lo justo para que alcance el dinero. Los precios golpean diferente según la moneda con la que se pague: quien tiene dólares en efectivo puede aprovechar algunas promociones, pero “los dólares muy pocos, si te sale uno es muy raro”, dice Zulay Salazar, vendedora de vegetales en el mismo mercado.
Además del tipo de cambio oficial del BCV, los comerciantes se mueven con la referencia del dólar paralelo, que sube y baja mientras los anaqueles cambian precios casi a diario. “Si pagas en dólares es a una tasa, si pagas en bolívares es a otra”, explica Yetzenia Zambrano, que salió a comprar “comida, estrenos y juguetes” para sus hijos, intentando cuadrar cuentas entre la ilusión navideña y una realidad en la que cada compra se piensa dos veces.
En medio de esa carrera por estirar el presupuesto, el despliegue militar de Estados Unidos —con buques, aviones y bloqueo a petroleros venezolanos— apenas aparece en las conversaciones del mercado. Consultada sobre el tema, Da Silva responde simplemente: “No sé qué decir”, mientras otros entrevistados admiten que al principio hubo nerviosismo por la posibilidad de bloqueo y falta de divisas, pero que ahora “la gente no le hace caso” y se concentra en resolver el día a día.
Para Zulay Salazar, el conflicto con Estados Unidos “no le va a afectar” directamente, al menos en lo inmediato. Y para Rafael Ayola, vendedor de juguetes, la prioridad del venezolano promedio está clarísima: “Nadie va a dejar de comprarle el Niño Jesús a sus hijos”, aunque eso implique recurrir a promociones en divisas, aceptar bolívares “a una buena tasa” o ajustar la calidad y cantidad de los regalos.
Ese contraste entre la geopolítica y la vida cotidiana se resume en una frase que repiten compradores y vendedores: diciembre siempre ha sido apretado, pero este año la presión es mayor porque son muchas compras al mismo tiempo —comida, ropa, juguetes— en una economía donde el ingreso se quedó atrás. Al final, la gran preocupación no es si habrá maniobras en el Caribe, sino si alcanzará para la cena, si se podrá comprar aunque sea un juguete sencillo y si la “plata que no rinde” permite mantener viva, a duras penas, la tradición del Niño Jesús.

