La reducción de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo en Venezuela enciende esperanzas, pero los economistas advierten que su sostenibilidad depende de que la inyección de divisas no sea un simple “plan de emergencia”.
En los últimos días, el tipo de cambio fijado por el Banco Central de Venezuela (BCV) ha venido subiendo de manera gradual, mientras que la cotización del dólar paralelo bajó con fuerza, lo que estrechó una brecha que hace pocas semanas rondaba el 100% entre ambas tasas. El descenso del paralelo se aceleró tras el anuncio del ingreso de 300 millones de dólares para ser vendidos a través de bancos nacionales, producto de operaciones petroleras canalizadas con autorización de Estados Unidos, lo que incrementó de golpe la oferta de divisas en el mercado.
De acuerdo con analistas consultados, esta estrategia ha permitido contener, al menos temporalmente, la presión sobre el tipo de cambio y ha enviado una señal positiva a los agentes económicos, que perciben una mayor disposición del gobierno de Delcy Rodríguez a usar los dólares del petróleo para defender el bolívar. El economista José Guerra señala que, si el tipo de cambio oficial se estabiliza y el paralelo continúa bajando, no habría razones fundamentales para que la inflación siga acelerándose al ritmo observado en 2025, cuando la devaluación del bolívar fue uno de los principales motores de la subida de precios.
Sin embargo, la gran pregunta es si esta reducción de la brecha es sostenible en el tiempo o solo el resultado de una inyección puntual de divisas que no puede repetirse con la misma intensidad cada pocas semanas. El director de Ecoanalítica, Asdrúbal Oliveros, advierte que para consolidar un sistema cambiario más estable no basta con intervenir el mercado: se requieren reformas profundas en materia fiscal, monetaria y cambiaria, así como reglas claras sobre cómo y cuánto intervendrá el Estado en la venta de dólares.
En ese sentido, los expertos insisten en que un esquema de subastas transparentes, donde la tasa de cambio surja de la oferta y la demanda y participen tanto grandes empresas como pequeños actores, podría ayudar a reducir la dependencia del mercado paralelo como referencia para fijar precios. También subrayan que la estabilidad cambiaria solo será creíble si se corrigen desequilibrios como el déficit fiscal financiado con emisión de dinero y la incertidumbre sobre el flujo futuro de ingresos petroleros, todavía condicionado por la relación con Estados Unidos y el contexto geopolítico.
Mientras tanto, desde el Parlamento, el presidente Jorge Rodríguez ha aprovechado la baja del paralelo para exigir a los comercios una reducción de precios, y anunció el trabajo en una ley orgánica para la protección de los derechos socioeconómicos que buscaría obligar a los empresarios a ajustar sus listas cuando el dólar caiga. Para los economistas, sin embargo, si no se sostiene la entrada de dólares y no se anclan las expectativas con reformas creíbles, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo podría volver a abrirse, reactivando la espiral de desconfianza y remarcaje que ya conocen los venezolanos.

