¡“CAMARA DE TORTURA, PERO CON GUIÓN NUEVO”!: DELCY ACELERA LOS CAMBIOS BAJO LA MIRADA DE WASHINGTON

AME015. CARACAS (VENEZUELA), 30/01/2026.- Integrantes de la Policía Nacional Bolivariana custodian frente a la sede de la Policía Zona 7 este viernes, en Caracas (Venezuela). La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, propuso una ley de amnistía general para liberar a los presos políticos que han sido detenidos desde 1999 hasta la actualidad, periodo que cubre los gobiernos del chavismo. EFE/ Ronald Peña R

La crónica de El Mundo retrata una escena íntima que resume el momento político venezolano: el reencuentro entre el defensor de derechos humanos Eduardo Torres y el periodista Carlos Alberto Rojas, ambos recién excarcelados, luego de compartir celdas en el Helicoide, símbolo mayor de la represión chavista. Ese abrazo, descrito como un torrente de energía y esperanza, contrasta con las medidas cautelares que el régimen aún les impone para evitar que esa misma energía se convierta en protesta organizada.

El Helicoide: de “cámara de tortura” a cierre forzado

El texto recuerda que Torres, profesor de la UCV y miembro de Provea, defendía jurídicamente a Rojas antes de que ambos terminaran presos por la misma maquinaria represiva que combatían. El Helicoide, cárcel política por excelencia, ya estaba sentenciado cuando Donald Trump lo calificó el 6 de enero como “una cámara de tortura en pleno centro de Caracas”, anuncio que adelantó su cierre en medio de la transición post‑Maduro.

La pieza también subraya la ironía histórica: en ese mismo centro de torturas, Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos y asesor de Nicolás Maduro, llegó a dictar charlas remuneradas sobre derechos humanos mientras, a pocos metros, se cometían abusos documentados por ONG nacionales e internacionales. El cierre del Helicoide, anunciado por Delcy Rodríguez ante el Tribunal Supremo de Justicia, se presenta como uno de los gestos más simbólicos de los cambios acelerados por el nuevo mando chavista bajo presión externa.

Amnistía general: promesa amplia, letra pequeña pendiente

Rodríguez, convertida en jefa visible del “chavismo reciclado”, prometió impulsar una ley de amnistía que abarcaría desde 1999 —llegada de Hugo Chávez al poder— hasta la actualidad. La propuesta se vende como un punto de inflexión histórico que cerraría un ciclo de persecución política y permitiría “pasar la página” de abusos y encarcelamientos arbitrarios.

Sin embargo, organizaciones como Provea y Foro Penal han expresado serias reservas: señalan que aún no se conoce el texto del proyecto, ni su alcance real, ni cómo garantizará justicia para las víctimas y no impunidad para violadores de derechos humanos. Estas ONG insisten en que la amnistía debe ajustarse al artículo 29 de la Constitución, que prohíbe expresamente beneficiar con este tipo de medidas a responsables de delitos de lesa humanidad o graves violaciones de derechos humanos.

ONG entre el optimismo y la cautela

Foro Penal ha expresado que recibe el anuncio “con optimismo, pero con cautela”, y exige participación activa de víctimas, sociedad civil y organizaciones de derechos humanos en la redacción, aplicación y seguimiento de la ley. El objetivo, recalcan, es que la amnistía contribuya realmente a la justicia, la reconciliación nacional y la no repetición de las violaciones que originaron la crisis, y no se limite a un cambio de fachada política.

La organización también ha insistido en diferenciar con claridad amnistía e indulto: la primera supone el “olvido legal del delito” y extingue la responsabilidad penal, incluso en casos en curso; el segundo es un perdón limitado a la pena ya impuesta. En consecuencia, recuerdan que la amnistía, por su naturaleza excepcional y su vínculo histórico con la voluntad popular representada en el Legislativo, no puede convertirse en un atajo para blanquear expedientes de represores.

Delcy, los cambios “a la fuerza” y la embajadora de EEUU

El reportaje destaca que Delcy Rodríguez está acelerando estos movimientos “a la fuerza”, empujada por la presión internacional, las negociaciones con Washington y la atenta vigilancia de la nueva embajadora de Estados Unidos en Caracas, Laura Dogu. La secuencia es clara: transición política tras la caída de Maduro, promesa de cierre del Helicoide, anuncio de amnistía general y llegada de una representante diplomática de alto nivel que sigue de cerca cada decisión.

Ese encadenamiento de hechos sugiere que el chavismo gobernante intenta reescribir su relato mientras conserva el control: muestra gestos de apertura —excarcelaciones, reformas, amnistía—, pero lo hace bajo el ojo crítico de víctimas y ONG que conocen demasiado bien la historia reciente como para confiar sin leer primero la letra pequeña.

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