El cofundador y CEO de BitGo, Mike Belshe, sostiene que la industria cripto tiene que separar la custodia de los activos de la actividad de trading y market making si de verdad quiere evitar nuevos colapsos como el de FTX. En entrevistas recientes, Belshe ha repetido que el modelo donde un mismo exchange concentra depósitos de clientes, negociación, apalancamiento y creación de productos reproduce exactamente los riesgos que en los mercados tradicionales se resolvieron hace décadas con corredores, cámaras de compensación y custodios independientes.
Según el ejecutivo, el problema no es solo de mala gestión puntual, sino de estructura de mercado: cuando la plataforma que ejecuta las operaciones es la misma que guarda los fondos, se genera un incentivo fuerte a tomar riesgos excesivos con el dinero de los clientes, sin controles externos efectivos. Belshe afirma que una arquitectura sana debe crear “checks and balances” entre quien hace trading y quien guarda los activos, con custodios calificados, segregación de fondos y contabilidad continua que permita verificar que los saldos cuadran y que los activos no están siendo rehypothecados en silencio.
Belshe recuerda que, tras la quiebra de FTX, BitGo fue elegido para custodiar los activos recuperados bajo la gestión del abogado John Ray, el mismo que dirigió la bancarrota de Enron, precisamente porque la empresa ofrece un esquema de “bankruptcy remoteness”: si el custodio cae, los activos de los clientes siguen separados y pueden devolverse. Lo que habría hecho falta, según él, es que los usuarios de FTX tuvieran esa misma separación frente al exchange, algo que solo se consigue si el modelo obliga a que los criptoactivos estén en manos de custodios independientes, supervisados y con reglas claras sobre quién puede asumir riesgo y quién no.
Para el CEO de BitGo, la madurez real del mercado cripto pasa por adoptar una infraestructura parecida a la de los mercados financieros regulados, donde bancos, custodios, brokers y firmas de trading cumplen roles distintos, sujetos a gobernanza, disciplina operativa y supervisión regulatoria. Su mensaje a exchanges y reguladores es directo: si la industria insiste en mezclar todo bajo el mismo techo —depósitos, negociación, préstamos, derivados—, seguirá siendo vulnerable a “explosiones” que no se podrán atribuir solo a “manzanas podridas”, sino a un diseño que permite que los incentivos se descontrolen.

