Estados Unidos está afinando una licencia general que permitirá a compañías petroleras extranjeras realizar actividades directas de extracción de petróleo y gas en Venezuela, ampliando el abanico de operaciones que hoy se concentran en un puñado de empresas con permisos específicos como Chevron. Según fuentes citadas por Bloomberg y otros medios, la autorización podría concretarse esta misma semana y forma parte de la estrategia del gobierno de Donald Trump para flexibilizar el régimen de sanciones mientras impulsa un aumento de la producción venezolana orientada al mercado internacional, especialmente al estadounidense.

La medida sería un paso más allá de las licencias vigentes que ya permiten comprar, transportar y refinar crudo venezolano, al abrir explícitamente la puerta para que empresas internacionales participen en la operación de campos petroleros dentro del país, en alianza con PDVSA o a través de esquemas de empresas mixtas. En términos prácticos, se busca atraer a firmas con vínculos o intereses en Estados Unidos para que inyecten capital, tecnología y gerencia al aparato petrolero venezolano, en un momento en el que Caracas ha aprobado leyes para reabrir el sector a la inversión extranjera y mejorar las condiciones fiscales para estas compañías.

Actualmente, Chevron es la única petrolera estadounidense autorizada a bombear crudo en Venezuela bajo una licencia especial, y ha planteado que podría aumentar su producción en el país hasta en 50% en un horizonte de 18 a 24 meses si se amplían los permisos. La nueva licencia general ampliaría el campo de juego para que otras empresas —tanto estadounidenses como de terceros países con exposición a la jurisdicción de EE UU— puedan producir y exportar crudo desde Venezuela, siempre dentro del marco regulatorio diseñado por el Departamento del Tesoro y la OFAC.

De acuerdo con los reportes, esta licencia se inserta en un esquema financiero ya en marcha, mediante el cual los pagos por el petróleo venezolano se depositan en una cuenta controlada en Catar, desde donde la administración estadounidense autoriza luego la liberación de fondos al Banco Central de Venezuela. Esas divisas se subastan a operadores privados locales para alimentar el mercado interno, lo que permite a Washington mantener un control indirecto tanto sobre los flujos de caja como sobre el ritmo de la recuperación económica venezolana.

La jugada petrolera se articula, además, con otros gestos diplomáticos y económicos recientes: la reapertura del espacio aéreo a vuelos comerciales, la mejora de incentivos fiscales internos y el discurso de “transición ordenada” que acompaña el respaldo de la Casa Blanca al gobierno de Delcy Rodríguez luego de la captura de Nicolás Maduro. No obstante, analistas advierten que muchas compañías sin presencia física en Venezuela siguen midiendo el riesgo político y de seguridad jurídica, por lo que la efectividad de la licencia dependerá no solo del documento de la OFAC, sino de la percepción de estabilidad del nuevo escenario venezolano.

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