El periodista y expresidente de RCTVMarcel Granier, sostuvo que sin la libre actividad de los partidos democráticos no habrá ni estabilidad ni transición verdadera en Venezuela, al analizar el momento político abierto tras la captura de Nicolás Maduro y la presidencia interina de Delcy Rodríguez. A su juicio, el país no se encamina solo a “salir de un gobernante”, sino a reconstruir una democracia que requiere organizaciones políticas con capacidad real de acción, propuesta y competencia electoral en igualdad de condiciones.

Granier recordó que la experiencia histórica del 23 de enero de 1958 demostró que la consolidación de la democracia no fue obra de un líder único, sino del trabajo articulado de partidos con ideología clara, estructura, militancia y vocación de servicio público. En contraste, criticó que durante el chavismo se haya desmantelado el sistema de partidos tradicionales, se hayan ilegalizado o intervenido organizaciones, y se haya promovido una política de persecución que dejó a buena parte de la dirigencia inhabilitada, exiliada o fragmentada.

Sobre el escenario actual, el ejecutivo de medios advirtió que no basta con hablar de elecciones o de una eventual Asamblea Constituyente, si al mismo tiempo no se garantiza que los partidos puedan organizarse, debatir, hacer campaña, escoger candidatos y fiscalizar al poder sin miedo a represalias. En ese sentido, plantea que la transición venezolana necesita un proceso constituyente “realista”, centrado en reglas claras, separación de poderes y recuperación de la legalidad institucional, en lugar de convertirse en una lista de deseos sin anclaje en la correlación real de fuerzas.

Granier también subrayó que tanto el gobierno como la oposición han recurrido a la intervención internacional, especialmente a la del presidente Donald Trump, para destrancar la crisis venezolana, pero insistió en que ningún apoyo externo puede sustituir la tarea interna de reconstruir partidos y liderazgos sólidos. En su criterio, la estabilidad a largo plazo dependerá menos de acuerdos coyunturales entre cúpulas y más de que la ciudadanía pueda canalizar sus demandas a través de organizaciones políticas democráticas, con pluralismo real y sin censura ni control estatal sobre los medios y la vida pública.

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