A un mes de la captura de Nicolás Maduro en la operación militar ordenada por Donald Trump, el chavismo sigue en pie, pero ya no manda solo: analistas consultados por El Nacional coinciden en que “el límite lo marca Estados Unidos”, y que la supervivencia del régimen depende ahora de hasta dónde esté dispuesto Washington a tolerar sus maniobras. La presidencia interina de Delcy Rodríguez opera en un equilibrio incómodo: por un lado, intenta preservar la mayor cuota posible de poder para la élite chavista; por el otro, se mueve dentro de un corral de condiciones políticas, económicas y geopolíticas fijadas desde la Casa Blanca.

Delcy, el chavismo “inteligente” y la tutela externa
El artículo señala que lo que hoy existe no es un “nuevo régimen” ni una ruptura total, sino una reconfiguración pragmática del chavismo para adaptarse al nuevo arbitraje externo. Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, han dejado claro que no buscan cogobernar Venezuela, pero sí condicionar los márgenes de actuación: quién se queda, quién sale, qué se puede negociar y qué es inaceptable. En ese marco, Rodríguez encarna lo que algunos llaman la “supervivencia inteligente” del chavismo: entregar fichas, aceptar reformas y abrir la economía, pero intentando que el núcleo de poder civil‑militar permanezca intacto.
El menú de concesiones: petróleo, amnistía y “limpieza” selectiva
Para sostenerse, el chavismo ha activado una cadena de concesiones calculadas. Entre ellas, la aprobación de la reforma petrolera que abre el sector al capital privado y reduce la renta estatal, en sintonía con los intereses de empresas y reguladores estadounidenses; la amnistía general para presos políticos, celebrada como “paso significativo” por la Unión Europea; y ahora, los movimientos en torno a figuras como Álex Saab y Raúl Gorrín, que forman parte del paquete de señales anticorrupción que exige Washington. Según el análisis, cada una de estas medidas tiene una lógica clara: sacrificar elementos del viejo modelo para preservar la continuidad del grupo en el poder, bajo la supervisión de Estados Unidos.
El papel de los militares y la fractura contenida
Otro de los puntos centrales es el rol de la Fuerza Armada. La captura de Maduro no implicó automáticamente el colapso del aparato militar; al contrario, buena parte de la cúpula se reacomodó detrás de Delcy Rodríguez, a la espera de garantías sobre impunidad parcial, cuotas de poder y protección frente a eventuales extradiciones. Analistas citados advierten que esta cohesión es frágil: la posibilidad de una fractura interna sigue sobre la mesa si Washington decide elevar la presión, por ejemplo, apuntando directamente a mandos del Cártel de los Soles o a jefes de inteligencia en negociaciones de alto nivel.
Una transición “con techo” y sin carta blanca
El texto resalta que la transición venezolana es, en realidad, una transición con techo: el chavismo no tiene carta blanca, pero tampoco está condenado automáticamente a desaparecer. Estados Unidos puede apretar o aflojar la soga según la respuesta del régimen: más libertades políticas, elecciones con garantías, desmontaje real de estructuras represivas y ruptura con potencias extrahemisféricas como Rusia, China e Irán; o, por el contrario, sanciones reactivadas y presión renovada si percibe “juegos dobles”. De allí la frase que titula el análisis: “el límite lo marca Estados Unidos”, porque es Washington quien decide hasta dónde deja respirar al chavismo y en qué momento pasa de la negociación a una escalada mayor.
¿Cambio de sistema o larga agonía?
Las lecturas sobre el futuro se dividen entre quienes ven en este esquema el inicio de una transición controlada hacia otro arreglo político, y quienes temen una “transición sin transición”, donde se cambian figuras, se flexibiliza la economía, pero se conserva el ADN autoritario. El texto recuerda que ya hay antecedentes de aperturas parciales que acaban revirtiéndose, y que la incógnita es si la combinación entre presión de Trump y supervivencia del chavismo permitirá un verdadero cambio de reglas o solo una adaptación del mismo sistema a un nuevo equilibrio de poder hemisférico.

