Desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, la estrategia de Donald Trump hacia Venezuela se ha movido en dos tiempos: en el corto plazo, apuntalar a Delcy Rodríguez como figura de control para evitar un colapso, y en el mediano plazo, dejar la puerta abierta a que la líder opositora María Corina Machado termine encabezando una “restauración democrática” que legitime todo el proceso. El texto de El Nacional subraya que la Casa Blanca no está improvisando, sino operando sobre la base de un informe de inteligencia de la CIA que recomendó apoyarse en altos cuadros del chavismo para manejar la transición inicial, ante la dificultad de que la oposición asumiera el poder de inmediato con unas fuerzas armadas aún leales al régimen.
Delcy: pieza de transición “desde dentro”
Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, apostaron por Delcy Rodríguez como presidenta encargada porque la ven capaz de contener a los militares, administrar la crisis económica y ejecutar las reformas que exige Washington sin que se desate el caos institucional. El cálculo —explicado en filtraciones y reportes de prensa— es que figuras como Rodríguez, Jorge Rodríguez o Diosdado Cabello pueden garantizar un mínimo de estabilidad inmediata, mientras se desmontan algunas piezas del viejo modelo y se reabre el país al capital extranjero, especialmente en el sector petrolero.
El artículo destaca que, en público, Trump ha llegado a decir que el “liderazgo actual está haciendo un muy buen trabajo”, al tiempo que alaba a Machado como “una muy buena persona”, reflejando esa doble línea: sostener a Delcy hoy, sin cerrar la puerta a la oposición mañana. La transición, en esta fase, pasa por pasos como la amnistía general, la reforma petrolera, las licencias a empresas extranjeras y la posible entrega de figuras como Álex Saab, todos supervisados desde Washington.
María Corina: oposición legítima, pero sin plazo garantizado
En paralelo, Estados Unidos reconoce que la legitimidad democrática dentro y fuera de Venezuela sigue estando del lado de María Corina Machado y su bloque. El texto recuerda que la dirigente ganó la primaria opositora en 2023 y sostiene un amplio reconocimiento popular, mientras aliados como el congresista Mario Díaz‑Balart han dicho abiertamente que “la próxima presidenta democráticamente electa de Venezuela será María Corina Machado”.
Sin embargo, el propio Rubio admitió a NBC que “la mayoría de la oposición ya no está presente dentro del país” y que Washington decidió actuar sobre “cuestiones que requieren atención inmediata”, lo que en la práctica dejó a Machado fuera de la foto del poder inmediato, aunque no del diseño de largo plazo. La idea que recoge el análisis es que Trump busca “restaurar” a la oposición en una segunda etapa: elecciones “libres y justas” cuando ya la estructura chavista haya sido parcialmente reformateada desde dentro y bajo su tutela.
“Juntar” chavismo y oposición: la fórmula híbrida de Trump
Uno de los elementos más llamativos es la propuesta del propio Trump de “juntar al chavismo y a la oposición” para la transición. A bordo del Air Force One, el presidente estadounidense dijo que quizá podría “juntar a las partes y hacer algo”, sugiriendo una suerte de gobierno o proceso mixto, donde el chavismo reciclado y la oposición con capital democrático se vean obligados a coexistir bajo supervisión norteamericana.
En ese esquema, Delcy Rodríguez sería la garante de control interno en el corto plazo, mientras que María Corina encarnaría la promesa de normalización democrática hacia el exterior. El texto de El Nacional señala que esta fórmula implica un riesgo de cooptación para la oposición y de legitimación para el chavismo, pero responde a la apuesta de Trump de evitar un “vacío de poder” que otros actores —como Rusia, China o Irán— pudieran aprovechar.
Tensiones y desconfianzas cruzadas
El análisis también recoge las reservas públicas de Machado frente a Delcy Rodríguez. La líder opositora ha descrito a la presidenta encargada como “arquitecta principal de torturas y de alianzas con Rusia, Irán y China” y ha rechazado reconocerla como figura legítima de transición, aunque luego matizó que está dispuesta a reunirse con ella para hablar de un cronograma democrático, siempre que se parta del reconocimiento de los resultados del 28 de julio de 2024.
Para el chavismo, a su vez, la posibilidad de que María Corina termine llegando a Miraflores representa un horizonte de riesgo existencial, por lo que utiliza la estructura actual para ganar tiempo, negociar impunidad selectiva y preservar cuotas de poder. En medio de todo, el artículo subraya que el verdadero árbitro del proceso —en plazos, intensidad de reformas y nombres que caen o se salvan— sigue siendo Washington, que administra sanciones, licencias, apoyo financiero y legitimidad internacional.

