El video donde una mujer, con franela de comité de víctimas, abraza emocionada a Jorge Rodríguez en la Zona 7 de Boleíta fue presentado en la TV oficial como un gesto espontáneo de “agradecimiento” de familiares de presos políticos, pero organizaciones y periodistas ya lo califican de montaje propagandístico. El Comité por la Libertad de los Presos Políticos en Venezuela (Clippve) emitió un comunicado en el que aclara que la mujer “no es familiar de ningún preso político” y que no forma parte de sus registros como víctima ni como allegada de los detenidos.
Según Clippve, la mujer se había presentado antes en el campamento de El Rodeo I con el nombre de María Malavé, de 62 años, diciendo que era “ex presa política”, pero nunca aportó un relato verificable de detención y luego reconoció que no tenía familiares presos, por lo que dejó de ser considerada como caso del comité. Pese a eso, apareció en Boleíta con una camisa del comité y protagonizó la escena del abrazo a Rodríguez, usada por el oficialismo para proyectar la imagen de un diálogo emocional entre el poder y las víctimas.
El periodista Luis Gonzalo Pérez fue más allá e identificó a la mujer como María Malavé, militante ligada a estructuras del chavismo en Guatire (Miranda), donde se le conoce por trabajar en el sector transporte como chofer de una directora de CDI y presentarse como empleada de la Gobernación de Miranda. Pérez citó fuentes que aseguran que Malavé sufre trastornos psiquiátricos y que en las últimas semanas se habría “infiltrado” en vigilias de familiares de presos en El Rodeo, El Helicoide y finalmente Boleíta, hasta terminar en la escena con el presidente de la AN.
Clippve y otras ONG lamentaron que se instrumentalice el dolor real de las familias para fabricar momentos de empatía en cámara, mientras muchos presos políticos siguen detenidos o en lista de espera pese a las excarcelaciones anunciadas desde el 8 de enero. “Condenamos el uso del dolor de las víctimas en un acto planificado”, señala el comunicado, recordando que los parientes legítimos siguen acampando a las puertas de los centros de reclusión “sin abrazos, sin cámaras y sin respuestas completas”.

