La diputada Nora Bracho asumió la vicepresidencia de la Comisión Especial que trabajará el proyecto de “Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática”, instalada en una sesión de más de dos horas en el Hemiciclo Protocolar del Palacio Federal Legislativo. En su intervención, Bracho afirmó que esta iniciativa no es solo un instrumento jurídico, sino una “oportunidad histórica” para detener la lógica de confrontación y reconstruir la convivencia en un país atravesado por más de dos décadas de polarización.
La parlamentaria insistió en que el respeto a la disidencia es el “paso fundamental” para avanzar como sociedad y que Venezuela “no resiste más seguir en este entramado de venganzas”. Para ilustrarlo, usó una metáfora contundente: la venganza es como “un veneno que uno se toma esperando que el otro fallezca”, y advirtió que ese veneno no puede seguir guiando la política venezolana si se quiere abrir una etapa de sanación y reencuentro.
Bracho describió la ley como un “puente sobre los abismos” que han separado a los venezolanos y subrayó que el objetivo central es permitir el reencuentro de las familias quebradas por la persecución, el exilio y la cárcel. Habló de “heridas abiertas y profundas” en el cuerpo social, pero llamó a ejercer una valentía política distinta, orientada a la “cicatrización y cura de las almas, las mentes y los corazones”, más que a seguir alimentando el resentimiento.
La diputada anunció que la Comisión trabajará con consulta amplia y que el borrador de la ley ya recoge insumos de la Universidad del Zulia, colegios de abogados y varias ONG de derechos humanos, pero seguirá abierto a propuestas de otros sectores. “Esta ley es tan significativa para nuestra nación que nadie se quiere perder la oportunidad de aportar”, señaló, reiterando que la bancada opositora está dispuesta a construir una visión común que apunte a un país donde los ciudadanos puedan progresar y vivir con dignidad, sin temor a ser perseguidos por lo que piensan.

