El documento judicial de Juan Pablo Guanipa no prohibía hablar ni salir a la calle a pedir libertad plena para los demás presos políticos, pero esto sumado a la interpretación arbitraria del poder convirtieron su excarcelación en un espejismo.


18 meses de detención política y 12 horas de libertad evidencian el teatro de una justicia que se proclama reconciliadora, mientras mantiene intactos sus mecanismos de control. El caso de Guanipa representa la muestra más descarada de las burdas acciones de un sistema que excarcela sin liberar, que concede medidas cautelares bajo condiciones no escritas y que revoca la libertad cuando la voz del opositor resuena…
El domingo 8 de febrero, Juan Pablo Guanipa salió del Internado Judicial Capital Rodeo I y su liberación llegó borrando los límites del miedo que existían en el sentir de la población; esto hizo que el “democrático” gobierno llegase a cuestionarse si ¿Se estaban calentando las calles nuevamente?, para evitar riesgos prefirieron utilizar medidas de presión mediante el poder judicial. Ahora, la pregunta es ¿será suficiente?
La nueva detención de Guanipa se produjo como un “secuestro” nocturno, que ejecuta un grupo de diez hombres armados y no identificados a las 11:45pm y no fue sino hasta la madrugada del lunes 9 que la Fiscalía anunció que había solicitado revocar la excarcelación por “incumplimiento de las condiciones” y pedía su traslado a detención domiciliaria. Según Diosdado Cabello esto es una muestra de que la justicia está funcionando.
Aunque, yo me atrevería a decir que existe una gran contradicción, entre lo que decía la boleta de excarcelación frente a lo que exige el poder… pero saquen ustedes sus propias conclusiones.

El Alacran Picante.

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