¡“SUBASTAN 300 MILLONES”… PERO EL CONTROL SIGUE SIENDO EL NEGOCIO MÁS CARO DEL PAÍS!

Esta semana se realizará en Venezuela la tercera subasta de divisas del año por 300 millones de dólares, con lo que el monto total colocado vía intervención cambiaria alcanzará 800 millones de dólares en lo que va de 2026, informó el economista Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica. De mantenerse el ritmo de operaciones, el primer trimestre podría cerrar con entre 1.400 y 1.700 millones de dólares inyectados al sistema financiero para tratar de contener la volatilidad del tipo de cambio.

Grisanti destacó que estos volúmenes llaman la atención porque el primer trimestre suele tener menor demanda de divisas por efecto del calendario tributario y financiero, a diferencia del cuarto trimestre, cuando el consumo navideño presiona más el mercado. Lograr cifras similares en un período de baja estacionalidad, señaló, contribuye a anclar expectativas y reducir el riesgo de sobresaltos cambiarios, siempre que el flujo de intervención se mantenga consistente.

La subasta se ejecutará nuevamente a través de la banca privada, específicamente Banesco, Provincial, BNC y Mercantil, replicando el esquema de rondas anteriores. Para el economista, el comportamiento de este programa de inyecciones será clave para medir la estabilidad cambiaria durante el resto del trimestre.

El costo del control de cambio

Más allá de la subasta puntual, Grisanti insistió en la necesidad de desmontar el control de cambio y revisar de fondo el esquema de subsidio cambiario aplicado en el país. Ecoanalítica calcula que ese mecanismo le ha costado a Venezuela 226.000 millones de dólares, es decir, más del doble de lo que se requeriría para llevar la producción petrolera a 3 millones de barriles diarios, y casi 50% más del valor de todos los pasivos que la República debe afrontar.

En paralelo, el economista trazó escenarios de mediano plazo para la industria petrolera: si se alinean las condiciones internas y externas, la producción podría llegar a 4,1 millones de barriles diarios en 10 años, mientras que en un panorama más conservador se ubicaría en 2,6 millones de barriles diarios. El resultado más probable, dijo, estaría entre ambos extremos, lo que implicaría triplicar o cuadruplicar la producción actual.

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