El potencial petrolero de Guyana entra en una nueva fase de expansión justo cuando comienzan a disminuir las tensiones con Venezuela por la disputa del Esequibo, abriendo una ventana que los analistas consideran ideal para atraer más capital y acelerar proyectos en el bloque Stabroek, operado por ExxonMobil. La pequeña nación caribeña, ya una de las economías de más rápido crecimiento del mundo, se prepara para exhibir su “boom” petrolero en la Conferencia de Energía de Guyana en Georgetown, donde ejecutivos y autoridades discutirán cómo formar mano de obra local, ampliar las inversiones y desarrollar un sector aguas abajo más robusto.

El consorcio liderado por ExxonMobil, junto a Chevron y la china CNOOC, ha elevado la capacidad de producción petrolera de Guyana a más de 900.000 barriles diarios, con previsiones de alcanzar cerca de 1,15 millones de barriles diarios con un nuevo proyecto que entrará en desarrollo este año. Estas cifras colocan al país como un productor clave en Sudamérica desde el descubrimiento de crudo en 2015, en marcado contraste con la industria venezolana, estancada y golpeada por años de mala gestión, sanciones y caída de inversiones. Para los expertos, si hay un país que puede salir más beneficiado del derrocamiento y captura de Nicolás Maduro, es justamente Guyana.

La mejora del clima regional también pasa por la distensión del conflicto fronterizo. Durante años, la disputa por el Esequibo obligó al gobierno guyanés y al consorcio petrolero a frenar la exploración en cerca de 30% del bloque Stabroek, ubicado en aguas en litigio, por el riesgo de incidentes con Venezuela. Ahora, con el caso en manos de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y una tensión política mucho más baja entre Georgetown y Caracas, los analistas consideran que las probabilidades de nuevos choques son “muy bajas”, lo que elimina la principal barrera para la inversión extranjera. Esta calma relativa facilita que se evalúe levantar la fuerza mayor que pesaba sobre parte del bloque y reactivar proyectos exploratorios en esa franja.

El giro político en Venezuela tras la intervención militar de Estados Unidos y la captura de Maduro también ha reconfigurado el tablero energético regional. El presidente estadounidense Donald Trump ha llegado a plantear un plan de inversión de 100.000 millones de dólares para intentar reactivar el sector petrolero venezolano, pero, mientras ese esquema apenas se discute y se enfrenta a sanciones, desconfianza y una industria devastada, los flujos de capital miran a Guyana como opción rápida, rentable y con menor riesgo geopolítico. Bloomberg y otros medios especializados resaltan que el petróleo guyanés gana atractivo precisamente porque la acción militar en Venezuela redujo la incertidumbre que pesaba sobre las operaciones en el área.

En ese contexto, la Conferencia de Energía de Guyana se convierte en escaparate de un país que ya no solo vende reservas futuras, sino producción concreta, estabilidad regulatoria y una agenda abiertamente proinversión, mientras la disputa del Esequibo sigue su curso institucional ante la CIJ. Ejecutivos de Exxon y Chevron prevén presentar allí actualizaciones sobre sus proyectos, incluido un gran plan de gas para generación eléctrica en tierra, reforzando la idea de que la bonanza petrolera guyanesa llegó para quedarse. Para Venezuela, el contraste es cada vez más evidente: mientras Caracas intenta recomponer una industria colapsada y defender su reclamo territorial, Guyana aprovecha la calma relativa para consolidarse como nuevo polo petrolero de Sudamérica.

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