El experto petrolero y analista político Eddie Ramírez aseguró que, tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio del plan de reconstrucción impulsado por Estados Unidos, el gran factor de inestabilidad interna en Venezuela se llama Diosdado Cabello, actual ministro de Relaciones Interiores y hombre fuerte del aparato de seguridad. “Si se saca al señor Diosdado Cabello, el país se estabiliza”, afirmó en una entrevista con NTN24 al analizar el rol del líder chavista en la activación y protección de los grupos civiles armados que han sembrado terror en las calles durante años.
Ramírez recordó que Cabello es señalado como uno de los principales responsables de organizar, armar y amparar estructuras paramilitares y colectivos que han sido utilizados para perseguir, agredir e incluso asesinar a opositores y manifestantes. En su opinión, estos “civiles armados” son quienes “siembran el odio, asesinan y persiguen a la gente de la oposición”, convirtiéndose en un obstáculo directo para cualquier intento serio de pacificación y reconstrucción democrática. Por eso, sostiene que retirar a Cabello del poder y desmontar esas estructuras tendría un impacto inmediato en la sensación de seguridad y gobernabilidad dentro del país.
El analista subrayó que, a pesar del nuevo contexto tras la operación militar que sacó a Maduro del poder, Venezuela sigue marcada por una grave inseguridad jurídica y por un gobierno “tutelado por Estados Unidos” cuyo desenlace aún es incierto. Mientras no haya un retorno a la democracia, con Estado de derecho y reglas claras, las grandes inversiones seguirán dudando en entrar, más allá de anuncios de aumento de producción petrolera o nuevos acuerdos con compañías internacionales. “Con estos 50% de aumento de la producción de Chevron no se resuelve absolutamente nada”, advirtió, enfatizando que la estabilización real depende tanto de cambios políticos profundos como de la inclusión de la oposición en las negociaciones.
Para Ramírez, la salida de Cabello del circuito de poder formaría parte de esa ecuación: reduciría la capacidad de acción de los aparatos represivos y paraestatales, mejoraría el clima interno y abriría espacio para una transición ordenada con elecciones auténticas, que es lo que, según él, podría atraer inversiones de largo plazo y no solo “paños calientes” financieros. Pese a todas las incertidumbres, el experto afirma que “los venezolanos estamos optimistas” y que, tras 26 años de lucha contra el régimen, la esperanza central sigue siendo la misma: recuperar rápidamente la democracia para que la riqueza petrolera se traduzca en una mejora evidente de la vida de la gente y no siga atrapada en manos de cúpulas y grupos armados.

