El excandidato presidencial y dirigente opositor Enrique Márquez afirmó que la crisis política venezolana “tiene que terminar en una elección”, pero advirtió que esa elección solo tendrá sentido si llega como culminación de un proceso de cambios profundos que devuelvan libertades, instituciones y reglas claras a los ciudadanos. En su primera aparición formal ante la prensa tras su excarcelación y su reciente exposición internacional junto al presidente estadounidense Donald Trump, Márquez insistió en que respalda las transformaciones en marcha, siempre que el “destino final” sea la democracia, y no una nueva forma de perpetuación del poder.​

Apoyo los cambios, pero que terminen en democracia”, fue la idea central que resumió su mensaje, repetida en varias oportunidades durante su declaración pública. Márquez señaló que Venezuela vive una coyuntura excepcional tras la caída de Nicolás Maduro y el reordenamiento del poder, y calificó este momento como una “gran oportunidad” para una transformación y renovación completa del país, que incluya reformas en el área petrolera, la economía, las instituciones y el retorno pleno de las libertades.​

El dirigente enfatizó que los cambios políticos, económicos y diplomáticos que se han acelerado desde enero no deben conducir a “cualquier cosa” ni a una mera continuidad maquillada del esquema anterior, sino a un desenlace claro: una elección democrática con reglas renovadas, en la que los venezolanos sientan que de verdad se juega el futuro del país. “Yo sí creo que esto tiene que terminar en una elección, en una elección democrática”, subrayó, antes de advertir que ni la comunidad internacional ni los nuevos actores en el poder sustituirán el trabajo que le corresponde a los propios venezolanos.​

En ese punto, Márquez hizo énfasis en la responsabilidad interna: “Para eso los venezolanos tenemos que construir las condiciones. Nadie lo va a hacer por nosotros”. Reconoció que la comunidad internacional —en especial Estados Unidos y otros actores que han empujado la salida de Maduro— puede ser un “motor” de los cambios, pero insistió en que el diseño de las reglas, la reconstrucción de la confianza y la defensa del voto pertenecen a la sociedad venezolana. “No creamos que el mandado está hecho”, advirtió, al pedir no caer en triunfalismos ni delegar completamente en factores externos.​

Márquez planteó que la elección hacia la que se encamina el país no puede ser un mero trámite ni una votación de rutina bajo el mismo marco de restricciones que caracterizó los últimos procesos. “No podemos hablar de elección si no hay libertad de expresión, si no hay instituciones renovadas, si la gente no siente que ese proceso va a resolver el problema”, señaló, al insistir en que el objetivo debe ser una cita electoral que signifique un renacimiento de la democracia, y no un capítulo más del conflicto.​

En esa línea, defendió la idea de una transición compartida y de centro, capaz de integrar a distintos factores políticos en un gobierno de unidad y reconstrucción, propuesta que ha venido planteando desde su candidatura presidencial de 2024. Márquez ha sostenido que su visión de gobierno pasa por reinstitucionalizar el país, devolver la vigencia real a los partidos, eliminar las inhabilitaciones políticas y reformar leyes clave en conjunto con la Asamblea Nacional para garantizar condiciones electorales igualitarias. Ese enfoque, dijo, sigue vigente y encaja con la necesidad de que la próxima elección sea “la cúpide de una cima que tenemos que transitar todos”.

Consultado sobre el papel de Estados Unidos, Márquez reiteró que “Estados Unidos es nuestro principal aliado” en esta nueva etapa, en sintonía con lo que declaró a medios internacionales tras el espaldarazo recibido en el Capitolio durante el discurso de Trump. Respaldó el proceso abierto el 3 de enero, cuando se concretó la captura de Maduro y se abrió una fase de excarcelaciones y reacomodo institucional, y se ofreció a “sostener la fase de apertura” que se encuentra en desarrollo, siempre bajo la premisa de que desemboque en un proceso electoral confiable y competitivo.​​

Márquez aprovechó para insistir en la necesidad de continuar y ampliar las garantías políticas, incluyendo el restablecimiento pleno de la libertad de expresión, el respeto a los derechos constitucionales y la observación internacional robusta en cualquier elección que se convoque. También defendió la idea de apoyar cualquier acuerdo que “abra las compuertas hacia una transición democrática”, incluso si ello exige discusiones complejas sobre temas como amnistías políticas, justicia transicional y cuotas de impunidad, debates que ya venía impulsando durante su campaña previa.

Al referirse al legado del chavismo y, en particular, de Nicolás Maduro, Márquez fue categórico: la continuidad de Maduro al frente del país es “inviable” y ha generado caos, miseria, atraso y migración, una línea que mantiene en su discurso actual pese a los cambios en la cúpula gobernante. También ha cuestionado el rol del saliente fiscal general Tarek William Saab, ahora Defensor del Pueblo, a quien atribuye responsabilidad en los excesos contra presos políticos y en las violaciones de derechos humanos durante los años más duros de represión.​

Sobre el calendario electoral, Márquez ha defendido desde hace tiempo que la convocatoria debe hacerse con la debida anticipación, con apertura del Registro Electoral, claridad sobre los centros de votación habilitados, posibilidad de campaña para todos los candidatos y observación internacional amplia. A su criterio, solo así la elección puede funcionar como cierre de la crisis política y punto de partida de una nueva relación entre los actores, y no como origen de una nueva etapa de confrontación.

En su mensaje más reciente, volvió a reclamar que, cuando esa elección llegue, lo haga con “todas las instituciones renovadas, con todas las libertades recuperadas y con un país que pueda ver con esperanza que esa elección va a resolver el problema”. “Que gane quien gane, tengamos un renacimiento de nuestra democracia”, resumió, insistiendo en que el verdadero éxito no será la victoria de una facción, sino un sistema en el que el conflicto político deje de pagarse con la vida cotidiana de los venezolanos.​

Márquez cerró su intervención con una invitación a “construir juntos una oportunidad de renacer”, recordando que el país está “harto del conflicto inútil” y que el reto de la próxima etapa no es eliminar a uno u otro bando, sino ordenar el desacuerdo dentro de un marco institucional que funcione. “Yo no pretendo acabar ni con un lado ni con el otro”, ha dicho en más de una entrevista, al reiterar que su apuesta es una transición de unidad nacional que permita reorganizar el Estado y preparar una elección posterior plenamente libre, con la que se inicie “un nuevo período en la política y la democracia de nuestro país”.

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