El dirigente opositor y expreso político Freddy Superlano afirmó que el centro penitenciario El Rodeo I “es más parecido a un campo de concentración que a una cárcel”, al relatar las condiciones que padeció durante su reclusión en ese penal de máxima seguridad. Tras casi 19 meses preso por motivos políticos, el ex candidato de Barinas describió un sistema pensado para destruir física y psicológicamente a los detenidos, y dijo que solo “felicita al que sale y puede estar cuerdo” después de pasar por ese lugar.
Superlano contó que fue trasladado desde El Helicoide a El Rodeo I sin explicación previa, en un operativo que enmarcó en la lógica de castigo del aparato represivo. Relató que nunca se le informó el destino ni las condiciones que enfrentaría y que, al llegar, se encontró con un régimen de encierro extremo, vigilancia constante y anulación casi total de derechos básicos.
El dirigente subrayó el impacto humano de esa experiencia. Aseguró que lo más duro fue la situación de su familia, en especial de sus hijas, obligadas a asumir de golpe la ausencia y las limitaciones para verlo y comunicarse. Denunció que, aun después de salir de El Rodeo I, permaneció 16 días con grillete electrónico y arresto domiciliario, sin poder moverse libremente ni ejercer plenamente sus derechos políticos, hasta que finalmente se le notificó la libertad plena.
Las descripciones de Superlano coinciden con informes previos de organizaciones de derechos humanos sobre condiciones inhumanas en El Rodeo I, formalmente SESMAS‑Rodeo I, en Miranda. Reportes documentan celdas de pocos metros, sin ventilación ni luz adecuada, colchonetas sobre estructuras de concreto, letrinas insalubres, ausencia de atención médica oportuna y restricciones severas a visitas y comunicación con el exterior. Diversas fuentes han calificado ese penal como una “cárcel del terror” dedicada a castigar a presos políticos civiles y militares.
En la entrevista, Superlano recordó que su nombre estuvo durante meses en las listas de presos políticos difundidas por ONG como Foro Penal y que su reclusión formó parte de la ola de represalia posterior a la crisis electoral del 28 de julio de 2024. Explicó que el aislamiento, la falta de información sobre el proceso y las condiciones materiales de detención buscaban quebrar la resistencia de los presos, al punto de que muchos dependen de la ayuda de familiares para acceder a alimentos, medicinas y ropa.
Sobre la reciente Ley de Amnistía, Superlano adoptó una posición pragmática desde la óptica del preso político. Señaló que, pese a las críticas que pueda tener el texto, “cualquier argumento que sirva para que salgan se acompaña”, en referencia a los detenidos que aún permanecen en cárceles como El Rodeo I. Destacó que para las familias la prioridad inmediata es la liberación, aunque reconoció que quedarán debates pendientes sobre justicia, reparación y responsabilidades por las violaciones sufridas.
El día en que recuperó su libertad plena, un funcionario acudió a su residencia para entregar la notificación formal, momento que Superlano registró en video y compartió en redes sociales. “Luego de casi 19 meses, recuperamos nuestra libertad, la que nos quitaron por pensar distinto y defender nuestras convicciones”, escribió, reafirmando su decisión de continuar en la lucha política pese a la experiencia carcelaria.
Las declaraciones del dirigente reavivan los reclamos de cierre o reestructuración profunda de El Rodeo I y de revisión de todos los expedientes de presos políticos recluidos en ese penal. ONG y defensores de derechos humanos sostienen que ningún discurso de transición o convivencia democrática es creíble mientras existan cárceles que operen con lógicas propias de un campo de concentración, donde el Estado convierte el encierro en una herramienta de tortura y escarmiento.

