Tras su aparición estelar en el Capitolio junto a Donald Trump y sus posteriores declaraciones sobre la transición y las elecciones, el dirigente opositor Enrique Márquez se convirtió en blanco de una intensa campaña de descrédito en redes sociales, que viene de dos frentes simultáneos: cuentas alineadas con el chavismo y sectores radicales de oposición que lo acusan de ser “títere de Trump” y “divisor” del liderazgo de María Corina Machado.
En programas de análisis transmitidos en YouTube y replicados en X, se reconoce que las redes “estallaron” después de sus declaraciones del 27 de febrero, cuando Márquez habló de apoyar los cambios siempre que terminen en democracia y defendió la idea de una transición compartida. Muchos usuarios interpretaron esas palabras como un intento de “desplazar” a otros liderazgos opositores, en particular a María Corina, y comenzaron a etiquetarlo como “candidato de Washington” o “pieza de recambio” del chavismo.
En uno de esos espacios, el conductor admite que hay una lectura distorsionada: “Algunos sugieren que Enrique Márquez trata de desplazar a María Corina, pero no es tan fácil robar un liderazgo”, dice, intentando bajar el tono, para luego reconocer que “las redes sociales estallaron” y que “algunos creen que Márquez terminó quemándose con sus declaraciones”. El propio analista señala que Márquez se ubicó “en el medio”, diciendo cosas que incomodan tanto al chavismo como a la oposición dura, pero que su “mayor pecado” fue una valoración considerada demasiado benevolente sobre una de las figuras más rechazadas del país, lo que “lo puso de enemigo de medio país” en redes.
Paralelamente, otros contenidos virales presentan a Márquez como instrumento directo de la Casa Blanca. En un video titulado “toda la verdad sobre el plan de Trump con Enrique Márquez y María Corina”, se afirma abiertamente que “Enrique Márquez está haciendo lo que le mandó a hacer el presidente Donald Trump” y que su rol sería “dividir a todos los de la izquierda” por ser un político de centro. El narrador sostiene que Trump le habría encargado “ir allá como eso izquierdosos y dividirlos”, y que la idea sería que Márquez “le quite votos a María Corina”, alimentando la narrativa de que su eventual candidatura sería funcional a una estrategia externa para fragmentar a la oposición.
Ese mismo contenido insiste en que Márquez sabía que venían ataques, citando una frase suya: “Yo sé lo que esto va a significar, los ataques que me van a hacer”, usada en redes como prueba de que asumió el costo de convertirse en pieza visible del nuevo tablero. A partir de allí, etiquetas y comentarios lo presentan como “divisionista”, “mandadero de Trump” o “comodín del sistema”, reforzando la idea de que no representa un liderazgo propio, sino un “producto armado” desde Washington.
La campaña de descrédito también se conecta con viejos ataques del chavismo. Ya en 2022, cuando era rector del CNE, Diosdado Cabello lo había calificado de “agente de la oposición” y el presidente del organismo, Pedro Calzadilla, difundió un comunicado acusándolo de emitir opiniones “contrarias al compromiso” del ente, señalándolo como factor de desestabilización por cuestionar la idea de adelantar elecciones. Ese antecedente se recicla ahora para reforzar la imagen de un Márquez “incómodo para todos”: para el chavismo, por haber roto la disciplina dentro del CNE; para sectores opositores, por no alinearse con una narrativa única de confrontación.
Al mismo tiempo, otras piezas en redes, como el reel de El Estímulo sobre el Estado de la Unión, muestran la otra cara: a Trump presentando a Márquez como expreso político, víctima de El Helicoide, que se reencuentra con su sobrina en el Capitolio, lo que para una parte de la audiencia lo consolida como símbolo de resistencia y reconocimiento internacional. Esa imagen positiva es precisamente la que la campaña de descrédito intenta erosionar, reetiquetándolo no como víctima que salió fortalecida, sino como figura construida desde el exterior para gestionar una transición “a la medida” de otros intereses.
En síntesis, el clima en redes se mueve hoy entre dos relatos enfrentados:
- Uno que presenta a Enrique Márquez como líder moderado, preso político reconocido por Estados Unidos y llamado a jugar un rol en la transición.
- Y otro, alimentado tanto por cuentas chavistas como por sectores de oposición radical, que lo pinta como “títere de Trump”, “divisor de la oposición” y “producto del sistema”, cuestionando su legitimidad y sus verdaderas lealtades.
Esa tensión marca la campaña digital en torno a su figura: cada declaración que hace Márquez sobre elecciones, transición o papel de Estados Unidos se convierte, de inmediato, en combustible para una narrativa que busca vaciar su credibilidad antes de que termine de consolidarse como opción en el nuevo mapa político venezolano.

