En medio del reacomodo militar y político tras la caída de Nicolás Maduro, el nombre del mayor general retirado Miguel Rodríguez Torres reapareció con fuerza en los corrillos de poder: distintas versiones lo colocan como posible nuevo ministro de la Defensa en los próximos días, pese a que el gobierno ha salido a desmentir públicamente su designación. La sola posibilidad de que el hombre señalado como creador del SEBIN, responsable de centros de tortura como “La Tumba” y pieza clave del aparato represivo heredado por Maduro de Hugo Chávez, regrese al mando del sector castrense, ha encendido alarmas dentro y fuera de Venezuela.
En los últimos días circularon versiones sobre el supuesto retorno de Rodríguez Torres al país y su inminente nombramiento en el Ministerio de la Defensa, hasta el punto de que el despacho de Delcy Rodríguez y voceros oficiales se vieron obligados a negar en redes sociales que exista una decisión tomada. En paralelo, portales políticos y periodistas reseñan que su nombre forma parte de una lista corta de opciones para “ordenar” el mundo militar en plena transición, aprovechando su viejo pedigrí chavista y su capacidad de interlocución dentro de la Fuerza Armada, a pesar de su ruptura con Maduro en 2018.
Un reportaje de ABC de España, citado por Venezuela RED Informativa, asegura que el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero habría llevado a Miraflores la propuesta de designar a Rodríguez Torres como ministro de Defensa, presentándolo ante Delcy y Jorge Rodríguez como una ficha con respaldo en los cuarteles y como “garantía de estabilidad” ante Washington. La tesis: colocar a un militar de la vieja guardia chavista, con mano dura probada, al frente del ministerio, para asegurar que el aparato castrense se mantenga cohesionado mientras se negocia la transición y se desmonta, al menos parcialmente, el legado de Maduro.
¿Quién es Miguel Rodríguez Torres? La prensa española y venezolana lo describe como uno de los hombres más oscuros del chavismo en materia de seguridad y represión. Exdirector de la antigua DISIP, fue el artífice de la creación del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y dirigió su consolidación como policía política del régimen, con el Helicoide convertido en símbolo de detenciones arbitrarias, torturas y tratos crueles, según múltiples informes de organismos internacionales.
Durante su etapa como ministro de Interior, Justicia y Paz en 2014, Rodríguez Torres fue uno de los responsables directos de la represión contra las protestas antigubernamentales, que dejaron decenas de muertos y centenares de detenidos en todo el país. Bajo su mando se ejecutaron operaciones de control de calle, se fortalecieron cuerpos de inteligencia y se diseñaron mecanismos de persecución sistemática contra dirigentes opositores, activistas y manifestantes, que luego serían perfeccionados y heredados por la era Maduro.
Medios especializados lo señalan, además, como responsable de la creación y operación de “La Tumba”, el centro de reclusión del SEBIN en Plaza Venezuela, donde se ha documentado aislamiento extremo, torturas físicas y psicológicas y condiciones de encierro inhumanas contra presos políticos. Organizaciones de derechos humanos han descrito ese lugar como un “búnker blanco” subterráneo, con celdas sin ventilación ni luz natural, temperaturas gélidas y vigilancia permanente, concebido para quebrar la resistencia de los detenidos de alto perfil.
Paradójicamente, el hombre que ayudó a construir ese aparato fue luego víctima de la misma maquinaria que fortaleció. En 2018, tras marcar distancia política y cuestionar el rumbo del gobierno, Maduro ordenó su detención por supuesta conspiración. Rodríguez Torres pasó casi cinco años preso hasta su excarcelación en 2023, en una operación gestionada directamente por Zapatero, quien incluso lo acompañó en el vuelo de Caracas a Madrid, donde hoy reside con estatus de asilo, según reseñas de prensa.
Desde Europa, su nombre ha ido reapareciendo asociado a los planes de una “transición controlada” en Venezuela. Sectores del chavismo lo ven como una figura capaz de tender puentes entre los viejos mandos militares leales a Chávez y el nuevo esquema de poder encabezado por Delcy Rodríguez, mientras que parte de la oposición y de la comunidad internacional lo perciben como un perfil incompatible con una narrativa de cambio democrático limpio, por su historial de torturas y represión.
El propio Rodríguez Torres, en comunicaciones citadas por la prensa española, ha negado tener aspiraciones políticas y asegura no estar sancionado ni investigado internacionalmente, presentando su relación con Zapatero como un vínculo estrictamente humanitario para gestionar su liberación y la de otros presos. Sin embargo, fuentes diplomáticas consultadas por esos medios sostienen que su nombre se ha puesto sobre la mesa en conversaciones informales como pieza para “estabilizar” el estamento castrense en una eventual nueva etapa.
Por ahora, el gobierno ha optado por desmentir públicamente la versión de su inminente nombramiento como ministro de Defensa, calificando los reportes como “fake news”, mientras los rumores siguen circulando en redes y en fuentes militares. El Pitazo y otros portales señalan que cualquier regreso suyo al país sería, en sí mismo, un movimiento de alto impacto político, que enviaría señales contradictorias a las víctimas de violaciones de derechos humanos y a los actores internacionales que exigen depuración del aparato represivo.
En este tablero, la sola mención de Miguel Rodríguez Torres como posible jefe del Ministerio de la Defensa condensa la paradoja de la “nueva etapa” venezolana: para garantizar estabilidad y control militar, se estaría considerando a uno de los arquitectos del sistema de inteligencia y represión que hundió al país en denuncias de crímenes de lesa humanidad. Si finalmente se concreta o no su nombramiento, sigue siendo una incógnita; lo que ya está claro es que, en plena transición, el fantasma de quienes diseñaron las Tumbas del SEBIN y el aparato represivo de Chávez y Maduro sigue gravitando sobre la definición del futuro del poder armado en Venezuela.

