El gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo fue liberado en Venezuela tras pasar más de 400 días detenido en la cárcel de El Rodeo I, donde estuvo incomunicado, sin proceso judicial transparente ni asistencia consular plena, en una situación denunciada como desaparición forzada. Gallo, cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina, fue detenido en diciembre de 2024 cuando ingresó al país para reencontrarse con su esposa venezolana y su hijo, y desde entonces su caso se convirtió en un símbolo de los abusos del régimen chavista contra ciudadanos extranjeros.
Según confirmó su pareja, María Alexandra Gómez, el gendarme ya está volando hacia Argentina y en las próximas horas se reunirá con su hijo y su familia, tras una campaña sostenida de denuncias y presión pública. La mujer relató en redes sociales que pudo hablar con él telefónicamente y expresó el enorme alivio de saberlo finalmente en libertad, luego de meses de silencio, rumores y versiones cruzadas sobre su paradero dentro del sistema penitenciario venezolano.
La Cancillería argentina también confirmó la liberación y detalló que Gallo ya se encuentra fuera del territorio venezolano, después de que Buenos Aires calificara su caso como desaparición forzada y elevara reclamos formales ante Caracas. De acuerdo con medios argentinos, el cabo primero dejó El Rodeo I tras al menos 15 meses de encierro bajo custodia del régimen, en un contexto marcado por la captura de Nicolás Maduro y la apertura de un proceso de transición política en Venezuela.
Diversas versiones coinciden en que la excarcelación se produjo en el marco de un paquete de liberaciones “humanitarias” que las autoridades venezolanas vienen mostrando como gestos de buena voluntad hacia la comunidad internacional en las últimas semanas. En ese contexto, organizaciones y analistas señalan que el caso de Gallo es un ejemplo de cómo el chavismo utilizó detenciones arbitrarias como fichas de negociación política, más que como procesos ajustados a derecho.
La historia del gendarme estuvo marcada por largos períodos sin información oficial y por la denuncia constante de su familia, que apenas pudo confirmar que seguía con vida cuando, días antes de la liberación, se le autorizó una primera llamada telefónica luego de una huelga de hambre. Esa comunicación, realizada en medio de una entrevista radial, fue el primer indicio sólido de que seguía prisionero en El Rodeo I y abrió la puerta a la expectativa de una salida próxima, que finalmente se concretó este fin de semana.
Mientras Gallo regresa a su país, organizaciones de derechos humanos recuerdan que otros presos políticos y detenidos extranjeros continúan tras las rejas en Venezuela, y advierten que la liberación del gendarme argentino, aunque celebrada, no debe ocultar el patrón sistemático de detenciones arbitrarias, opacidad judicial y uso político de las cárceles. La presión ahora se concentra en lograr excarcelaciones adicionales y en documentar las violaciones sufridas durante el cautiverio, para que estos casos no queden en la impunidad.

