Meryl Streep y Anne Hathaway encendieron este lunes la Ciudad de México con la primera gran premiere mundial de “El diablo viste a la moda 2”, más de 20 años después del estreno de la cinta original. La capital mexicana fue elegida como primera parada de una gira que también incluirá Tokio, Seúl, Shanghái, Nueva York y Londres, reflejando el peso que tuvo México en la taquilla de 2006, cuando fue el segundo mercado más importante de Latinoamérica para la película. Esta vez, el glamour neoyorquino de la historia se trasladó a escenarios icónicos de Coyoacán como la Casa Azul de Frida Kahlo y el Museo Anahuacalli, que se transformaron en pasarela nocturna para el reencuentro de Miranda Priestly y Andrea “Andy” Sachs.
Durante el evento, Hathaway rompió el protocolo de seguridad para acercarse a los fans, firmar autógrafos y tomarse fotos, mientras Streep mantuvo una presencia más sobria y distante, en una actitud que muchos compararon con la personalidad implacable de su personaje en la pantalla. Sobre la alfombra-pasarela, la actriz de “Les Misérables” apostó por un look más arriesgado y contemporáneo, mientras Streep deslumbró con un chemise azul navy de inspiración militar con botones dorados, un guiño perfecto al famoso discurso del “azul cerúleo” que se hizo legendario en la primera entrega. “Esta película ofrece mucho corazón e inteligencia, pero también mucha diversión y alegría”, dijo Hathaway ante los medios, al tiempo que Streep reveló que el público mexicano disfrutaría en exclusiva de los primeros 20 minutos del filme, antes que cualquier otra audiencia del mundo.
La secuela, dirigida nuevamente por David Frankel, promete el regreso de Andy Sachs a la revista Runway, obligada a reencontrarse con Priestly en medio de una industria de la moda que ha cambiado con la irrupción de las redes sociales, la cultura de influencers y el debate sobre sostenibilidad. En entrevistas recientes, ambas actrices han insistido en que la nueva historia quiere “evolucionar la narrativa de la moda en el cine”, pasando del simple culto al lujo a una mirada más crítica sobre el poder, el trabajo y la autoexigencia que hay detrás de cada portada perfecta. México, convertido por una noche en epicentro del glamour global, funcionó así como escenario ideal para medir la fuerza de una franquicia que ya recaudó más de 326 millones de dólares en su versión original y que llega ahora a los cines con una legión de fans dispuestos a repetir la experiencia, aunque esta vez sea desde una realidad económica muy distinta para buena parte de Latinoamérica.

